17 de Noviembre de 2018

Opinión

Propósitos de año nuevo

Quizás no se puede estar siempre alegre, pero sí podemos estar siempre en paz.

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Muchas personas se preocupan por compartir las listas de buenos deseos y propósitos para el año que inicia, con el afán de darnos ideas que nos permitan un mayor crecimiento personal.

De las muchas cosas que nos llegaron en esta ocasión, hay una lista que nos parece vale mucho la pena compartir, ya que si lográramos de ella poder alcanzar a cumplir aunque sea uno o dos de los puntos que allí aparecen seguramente otra sería nuestra forma de ver la vida.

Sabemos que cuidar la salud es muy importante, y en la colaboración de la semana pasada comentamos brevemente unas líneas sobre el ejercicio físico y la alimentación; pero un punto que no es menos importante es tratar de alcanzar la paz interior.

Es de muchos conocido que no se puede estar siempre alegre, pero sí podemos estar siempre en paz, y ello conlleva una serie de actitudes que tenemos que adoptar.

Una de las listas a la que nos referimos al inicio es justamente la de los doce síntomas de paz interior, de quien no conocemos la autoría pero que ha estado girando por redes sociales y nos parece útil comunicar, ya que también coincidimos con ella:

1.- Capacidad para disfrutar cada momento.
2.- Pérdida de interés en juzgar a los demás.
3.- Pérdida de interés en juzgarse a uno mismo.
4.- Pérdida de interés en interpretar las acciones de los demás.
5.- Pérdida de interés en los conflictos.
6.- Pérdida de interés en preocuparse.
7.- Momentos desbordantes de valoración.
8.- Conexión con los otros y la naturaleza.
9.- Frecuentes ataques de risa.
10.- Tendencia a dejar que las cosas fluyan.
11.- Tendencia a actuar espontáneamente.
12.- Receptividad al amor de los demás.

Vista a ojo de pájaro podría parecer que se trata de mandar muchas cosas a volar, sin embargo no va por allí; es más profundo porque en el trasfondo podemos advertir que lo que se persigue es que nuestro interés se redirija a cosas más importantes y trascendentes.

Si nos permitimos reflexionar en estos puntos, podríamos caer en la cuenta de cuánto tiempo perdemos por criticar lo que hacen los demás, o cuánto nos desgastamos siendo tan duros con nosotros mismos, o cómo sentimos dolor cuando viendo “moros con tranchetes” en los actos de los demás nos creemos el objeto de su afán.

Si en lugar de ello nuestro interés se enfoca en cómo ayudar o cómo hacer mejor lo que nos rodea, mejor invertiríamos nuestro tiempo.
Si dejamos de lado los conflictos que no nos toca resolver y sólo nos ocupamos de resolver lo que esté en nuestras manos, habremos colaborado con la solución, y lo que no cuenta con una solución no debe ser motivo de nuestra preocupación, por lo que entonces debemos ir trabajando en que las cosas fluyan de forma natural para intervenir solamente en lo que a cada quien le toca.

Si nos vamos ejercitando en estas acciones, tendremos con mucho capacidad para disfrutar los momentos y agradecerle a Dios lo que nos permite vivir, para valorar y compartir con los demás, para estar abiertos a recibir el amor de quienes nos rodean y, sobre todo, para estar atentos a dar a quien más nos necesita.

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