18 de Diciembre de 2017

Opinión

Las mujeres decentes de la 58

A las mujeres que "vemos en la calle 58 a todas horas" hay quien las mira de otra forma...

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Durante la Feria Internacional de la Lectura del pasado marzo recibí de manos de Rosely Quijano, compañera columnista de El poder de la pluma, un generoso regalo: el libro Las mujeres decentes de la 58, de Christian H. Rassmusen. Aunque la publicación está lejos de ser una novedad editorial (fue editado por la Sedeculta en 2016), creí pertinente reseñarlo en este espacio, debido a que versa sobre una realidad social que, como muchas en Yucatán, están a la vista de todos pero en boca de nadie.

El autor comenta en el prólogo “… en el código penal del estado de Yucatán, NO está tipificada la prostitución como delito. NO existe legalmente. Ni como delito, ni como crimen, y ni siquiera como falta. (…) Es así que la prostitución en Yucatán no existe, pero se practica”. Es así que a través de entrevistas documenta las historias de 22 mujeres que ejercen el llamado “oficio más antiguo del mundo” en la calle 58 del centro y sus alrededores.

El también fotógrafo las capturó en imágenes que posteriormente, para proteger sus identidades, los artistas Elena Martínez Bolio y Gabriel Ramírez reinterpretaron cada uno en su estilo. La primera, en coloridos bordados que nos recuerdan los desnudos de Egon Schiele; el segundo, con retratos de líneas finas que emulan garabatos y el rayonismo que caracteriza su estilo inconfundible.

El libro no pretende ser una investigación sobre esta problemática; tampoco emite juicios morales; simplemente indaga en las historias humanas detrás de cada mujer que vemos en dicha calle a todas horas, siempre de pie, orgullosas de su generosa labor, pues ésta, más allá de ser un modus vivendi, constituye la principal fuente de manutención de su familia. Sus relatos, desde el punto de vista literario, son rescatables debido a ser fieles transcripciones de sus modos de hablar y de los localismos propios de la región de la que provienen.

Yucatecas, tabasqueñas, veracruzanas y demás féminas del país han encontrado en Mérida un lugar seguro donde ejercer su profesión. Sus historias tienen como denominador común un pasado con agresiones sexuales, violencia de género, abandono familiar y vejaciones masculinas. Sin embargo, estas valientes mujeres no se escudan tras la tragedia de sus vidas. Han salido adelante sin quejarse, libres e independientes como ellas mismas lo afirman, para alimentar a su progenie. No por nada el libro se subtitula: ¡Por nuestros hijos!M

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