12 de Diciembre de 2017

Opinión

Ofelia en el Foro Lucerna

Después de ver "Mamá por siempre", amará aún más a la Medina.

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Cuando Ofelia Medina se aproxima caminando, algunas personas ya nos encontramos afuera del teatro, disfrutando de un soleado mediodía de abril con sabor a domingo. Y ella, tan fresca, saluda presurosamente a algunos espectadores que han ido a ver una puesta más de Mamá por siempre, original del quebecquense Michel Tremblay. Poca gente ha llegado al Foro Lucerna para ver la obra, pero somos los suficientes para que se prorrumpa en aplausos cuando Miguel (Manuel Ojeda) hace la introducción de un personaje que, por sus características, se nos antoja una especie de bestia mítica, una fuerza de la naturaleza, una deidad cósmica que no es otra que su madre. “Con ustedes, mi mamá”, dice con voz aniñada.

Entra Ana (Ofelia Medina) a escena en medio de un torbellino causado por su mera presencia. Sabes en ese momento que el público se ha rendido a sus pies siquiera antes de comenzar. La dramaturgia es autobiográfica, ya que Tremblay quiso explorar mediante la escritura de esta obra su propia relación materna. Miguel es un niño travieso y fantasioso, al cual Ana tiene que traer “cortito”, pues ella parece ser la única figura de autoridad en el hogar. Como suele suceder, ésta será la responsable de incentivar su sensibilidad orientada hacia las artes.

Esta relación va evolucionando a través de numerosas elipsis entre los cuadros escénicos que se suceden en medio de una escenografía minimalista, cuyo diseño versátil permite que se vayan adaptando lo mismo para representar un tendedero de ropa que el comedor del hogar primordial. Lo anterior, aunado al vestuario, un diorama y un efectivo juego de luces, consigue evocar los recuerdos del público. La música escogida como leitmotiv de las distintas escenas pretende provocar que se derrame la melcocha en el recinto.

A pesar de su emotividad, esta puesta en escena se percibe algo condescendiente con los espectadores; la actuación de Manuel Ojeda se queda corta. Incluso su voz, afectada, requiere del micrófono para hacerse escuchar. Todo lo contrario ocurre con Ofelia Medina, actriz sobre la que recae el peso del montaje, cuyo entrañable personaje es de una tierna locura: una madre extrovertida, dramática y extravagante, que logra representar con éxito conmoviendo la audiencia. No es casualidad que al finalizar ella se haya granjeado los aplausos de la gente que, no nos engañemos, fue a ver a la Medina.

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