15 de Noviembre de 2018

Opinión

El complot mongol, la novela gráfica

Tendrían que pasar 17 años para que los lectores pudiéramos disfrutar de su versión íntegra.

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Entre las novedades editoriales se encuentra la largamente esperada novela gráfica El complot mongol, con guión de Luis Humberto Crosthwaite y dibujo de Ricardo Peláez Goycochea, basada en la novela de Rafael Bernal que fuera publicada en el ya lejano 1969. Y cuando digo que la hemos esperado por muchos años, me refiero a su primer atisbo, publicado en formato de cómic por Editorial Vid en 2000, cuando sólo alcanzó a salir un número que, misteriosamente, no tendría continuidad. Tendrían que pasar 17 años para que los lectores pudiéramos disfrutar de su versión íntegra.

Coeditada por Joaquín Mortiz y el Fondo de Cultura Económica, debo decir que la espera valió la pena: en todas las librerías del país se puede conseguir en un formato de lujo, tanto en sus dimensiones (más grande que un álbum europeo) como en su presentación en pasta dura. La portada monocromática incluso tiene un barniz que le otorga cierta textura al dragón chino que aparece junto al título.

El dibujo y color de Peláez Goycochea nos presentan en escala de grises la historia que, por antonomasia, vendría a prefigurar la literatura negra mexicana. Con evidentes influencias de Sin City de Frank Miller y los trazos de Eduardo Risso (Johnny Double/100 Balas), sobre todo en algunas escenas con alto contraste y en la narrativa secuencial que, de manera ágil, nos va contando los avatares del detective Filiberto García, un antihéroe cínico, desencantado y veloz con el gatillo: todo un hacedor de muertitos profesional.

Así, la violencia descarnada y los bajos fondos de la capital, sirven como escenario para que Peláez despliegue su arte, para lo cual se nutrió de referentes visuales e históricos, caracterizando el Barrio Chino y el centro de la Ciudad de México (al igual que la ropa y el entorno urbano) acorde con la época en la que se cuenta el argumento ambientado en los años posteriores a la revolución, cuando el país entró a la modernidad pero sin dejar de lado ciertos ritos atávicos como la corrupción y la manipulación política.

En resumen, no tengo duda de que su publicación es un gran acontecimiento editorial, siendo la primera novela gráfica publicada por el FCE, cuestión que espero devenga en que cada vez más se publique a talento mexicano, en especial a los que no encajan dentro del manido género superheroico de la historieta. ¡Pinches monitos!

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