18 de Septiembre de 2018

Opinión

Dunkerque: la batalla del cine por el cine

Lo cual, según él, es algo que plataformas como Netflix no podrán conseguir jamás desde una pantalla de televisión.

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Hace un par de meses, en una entrevista para la promoción de su más reciente película Dunkerque, Christopher Nolan aprovechó la ocasión para hablar sobre cómo el cine debe ser entendido como una experiencia cinematográfica completa, donde el espectador sienta que forma parte de la historia en todo momento. Lo cual, según él, es algo que plataformas como Netflix no podrán conseguir jamás desde una pantalla de televisión.

La polémica declaración, aunada a las de Almodóvar en el pasado Festival de Cannes, provocó una serie de discusiones y debates sin fin en torno a cómo se puede definir el séptimo arte. Pero Nolan respaldó sus palabras con una serie de imágenes que mucho abonan a la discusión, pues ciertamente tenía razón en algo: el cine se hace para ver en el cine.

Muchos cinéfilos nos hemos alejado de las salas de cine comerciales ante la escasa oferta de películas que valgan la pena. Estrenos y filmes inflados por los medios han decepcionado a los que vislumbramos al cine como una experiencia estética de calidad. La explosión de las plataformas digitales, el internet y la tecnología de punta en la televisión como aparato han democratizado -y dividido- a las audiencias. Al grado de que, hasta cierto punto, se ha vuelto innecesario acudir a las salas cinematográficas para ver lo mejor de la producción mundial.

Sin embargo, Nolan ha logrado lo que parecía imposible: demostrar que para apreciar correctamente una película tiene que ser vista en una pantalla grande y desde el anonimato de una oscura butaca. Y es que Dunkerque, con su excelente fotografía, manejo técnico, montaje y dirección, proporciona al espectador esa inmersión tan necesaria a la hora de narrar una historia mediante imágenes.

Su puesta en escena barnizada con la musicalización a cargo de Hans Zimmer es algo digno de verse fuera del hogar, pues sus emplazamientos y movimientos de cámara nos colocan en el centro de la acción, ya que su mirada subjetiva no tiene empacho en meterse al agua, volar por los aires o ensuciarse en la arena, todo con tal de que nosotros podamos vivir lo que es estar en medio de una guerra, donde el olor de la pólvora y la muerte prácticamente invaden la sala de cine.

Dunkerque va más allá de ser una épica de guerra para constituirse en un thriller cuya estructura dramática juega con los tiempos y los puntos de vista sin concesiones, entregándonos una producción estimulante que no da cuartel. Una auténtica batalla del cine por el cine.

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