18 de Diciembre de 2017

Opinión

Noche Blanca a oscuras…

Para los funcionarios de Mérida, la literatura no es cultura.

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Hoy en la noche, cuando recorran las calles de esta “ciudad blanca” mirando la gran fiesta de la cultura como un mero espectáculo, recuerden que es una noche sin literatura. Recuerden que de los tres millones invertidos en un solo día lleno de fuegos de artificio y llamaradas de petate, ningún peso fue destinado a un evento literario. Y cuando pase esta noche, recuerden que desde el año pasado no se emite la convocatoria para el Fondo de Ediciones y Coediciones Literarias del Ayuntamiento de Mérida. Recuerden que para el alcalde Mauricio Vila la cultura sólo funciona en la medida que acumula estadísticas y visibiliza eventos de relumbrón que sirvan para acumular capital político.

Como esta noche, una noche donde cine, música, danza, teatro, artes visuales y demás disciplinas transgénero tienen cabida, con la notoria excepción del noble arte de escribir, esa vocación artística en donde los pensamientos más bellos y las reflexiones más certeras conviven para hacernos imaginar que otros mundos son posibles. Recuerden que en la Dirección de Cultura de la Comuna se ignora el poder sensibilizador e intelectual de la palabra, ya sea escrita o elevada en alto por la oralidad que le es propia.

También deben recordar que la presente situación, un panorama yermo y desolador, devino a partir de la anterior administración, donde se decidió que, con excepción del Premio Internacional de Poesía de la Ciudad de Mérida, todos los libros serían editados con tirajes ínfimos en pos de versiones digitales que, a pesar de esa característica, no llegan a ningún lado, porque a nadie se le ocurrió que lo mejor sería publicar y editar en ambos formatos.

Sobre todo, no debemos olvidar que los dos últimos directores de Cultura han sido escritores que un día se sentaron detrás de un escritorio y se olvidaron de dónde provenían. No debemos soslayar este aspecto de las políticas culturales, donde el arte se vislumbró como un hecho turístico y masivo, donde la literatura, por ser una experiencia diferente, no tenía cabida.

No olvidemos que de los millones invertidos en La Noche Blanca dos veces al año y en la Capital Americana de la Cultura, no hay presupuesto que valga a la hora de arrojar luz a la mente, algo que sólo un faro como la literatura puede dar, en especial hoy que se avecina una velada oscura y una penumbra muy cerrada…

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