13 de Diciembre de 2018

Opinión

Panopticón cultural

Entre las recientes adaptaciones de obras literarias en el cine, las de Stephen King han tenido gran éxito y se cuentan por montón.

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Entre las recientes adaptaciones de obras literarias en el cine, las de Stephen King han tenido gran éxito y se cuentan por montón. Tan sólo en lo que va del año, hemos visto en las pantallas y en la televisión “La torre oscura”, “Eso”, “El juego de Gerald”, “1922” y “La niebla” (miniserie).

Hoy quisiera abordar la que me ha parecido más interesante, 1922, una producción de Netflix exclusiva para su plataforma digital y basada en la novela corta del nativo de Maine.

La película, con dirección y guión de Zak Hilditch, se ubica en Nebraska en el año 1922, cuando un orgulloso campesino asesina a su mujer con la ayuda de su hijo adolescente, todo con tal de apoderarse de las hectáreas que recibió en herencia. Poco a poco comienza a convencerse de que algo lo persigue y que el crimen no quedará impune. La película es narrada en primera persona y contada a través de flashbacks, ya que el protagonista inicia con una larga confesión en una solitaria habitación de hotel.

Contrario a lo que pudiera pensarse, el argumento no es de horror sobrenatural, sino de terror psicológico bien dosificado. El ritmo no es vertiginoso como en los thrillers de este tipo, sino que obedece a una narración pausada y casi preciosista en su primera mitad, donde los campos de maíz y los cielos escampados son fotografiados de una manera lírica, convenciéndonos de que la vida rural es tan idílica que debe protegerse a toda costa.

Y esto es precisamente lo que piensa Wilfred James (Thomas Jane) cuando intenta evitar que su esposa (encarnada por Molly Parker de House of Cards) venda la propiedad para mudarse a la ciudad de Omaha. El problema en sí no es el motivo del crimen, sino las consecuencias del asesinato a sangre fría, ya que Wilfred comienza a tener enloquecedoras visiones haciendo que la culpa que lo aqueja sea insostenible, lo cual desata varias calamidades que dan al traste con sus planes.

Si bien sus 101 minutos me parecieron extensos, esta producción no desmerece en absoluto, puesto que logra capturar una atmósfera brillante que se tornó decadente al contarnos todos los hechos acontecidos durante el largo y terrible año de 1922. La actuación de Thomas Jane es soberbia, logrando emular el acento de las grandes planicies a la perfección. Vale la pena verla en la comodidad de su hogar.

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