14 de Diciembre de 2017

Opinión

¿Dónde quedó la bolita?

Después de atacar Siria, Trump "atacó" el TLC, pero sus "bombas" no le dieron el rating que esperaba.

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Los partidarios de Donald Trump celebraron ya sus 100 días de gobierno con la novedad de que ante su incapacidad para cumplir con sus promesas que, por sus desatinos y falta de oficio, se ven cada vez menos viables, echó mano del recurso socorrido por los mandatarios del Partido Republicano, cuya popularidad va en picada, de utilizar su poderío militar en contra de una nación del Medio Oriente, esta vez le tocó a Siria, consiguiendo un magro repunte de menos de tres puntos.

Pero lo hizo sin ponderar los riesgos que pueden originar sus bravuconadas ante las primeras potencias de Rusia y China, amenazando a Corea del Norte con el despliegue de su flota, e incluso a nuestro país con detonar bombas como la de Afganistán en nuestro territorio, sólo que contra los narcotraficantes; como si fuera posible reunirlos en un solo sitio para exterminarlos de un bombazo, bajo la óptica simplista de que todo se puede solucionar con el uso de las armas, tan arraigada en Norteamérica.

El magnate, como el clásico estafador que pregunta ¿dónde quedó la bolita?, esta vez denostó al TLC cuando descubrió la improductividad de las empresas lecheras de su país, que no pueden competir con las canadienses. Su incomprensión de las leyes del mercado lo obliga a darle trato punitivo a quienes osan superar la productividad norteamericana.

Durante su gobierno se la pasará, en busca de un mayor rating, entre la guerra comercial y la real, con riesgo de originar una conflagración nuclear global extendida bajo la justificación de detener el uso local de armas químicas. Hipocresía característica de quienes ven en la guerra la principal ocupación del Estado.

Corrupción.- Salvo que Aguilar Camín no distingue entre los gobernadores procesados por sus ligas con el narcotráfico como Mario Villanueva y Tomás Yarrington y los que le metieron mano a los presupuestos de sus Estados, donde Duarte por el PRI y Padrés por el PAN son icónicos, me parece clarificadora e irrebatible su tesis de que este nuevo tipo de corrupción, institucionalizada, se originó con el gobierno panista de Fox que, incapaz de darle mejor destino a los recursos del auge petrolero y para controlar al Congreso, repartió a discreción entre los Estados sin establecer reglas claras, ni controles, ni supervisión, para que fueran operados. Otorgar a los diputados la facultad de asignar directamente presupuesto a gobiernos y ayuntamientos afines fue el acabose que, además de originar los moches, hizo cómplices a ejecutivos y legisladores. El PAN resultó tan respetuoso de la “autonomía estatal y municipal” que omitió las normas para evitar la dilapidación y el desvío de los recursos públicos. Otro dato olvidado es que sólo los gobiernos del PRI han sido capaces de enjuiciar a los secretarios de Estado, directores de paraestatales, y gobernadores.

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