12 de Diciembre de 2017

Opinión

Al borde del abismo

Un mundo en el que la ley existe pero no se respeta ni aplica es malo para todos.

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Estamos al borde del precipicio viendo el abismo; lo miramos detenidamente tratando de descifrarlo; pero sólo nos regresa su mirada; un vacío profundo sin fin.

En Veracruz una mujer -menor de edad- es abusada sexualmente por un grupo de “juniors”; el juez que lleva el caso otorga el amparo a uno de los implicados aduciendo que no hay delito que perseguir.

En Mérida una mujer, a quien años antes le habían secuestrado a sus hijos, es asesinada a cuchillazos en su domicilio. La madre de la víctima declara que el gobierno le negó la protección que había solicitado.

En ambos casos, el sentir de la sociedad civil es que ambas son víctimas, además de quienes perpetraron directamente los crímenes, de un estado tibio en temas de prevención y persecución del delito.

Hoy los temas son; una mujer violada y otra asesinada. Pero ayer fueron niños que murieron por quimioterapias que no lo eran. Gobernadores prófugos de la justicia, etc.

Resulta inquietante constatar que el no ejercicio por parte de las autoridades en temas de procuración de justicia no es una excepción sino una práctica recurrente. Así pues, a plena luz del día, y con un video como testigo, miles pudimos ver cómo varios individuos golpearon a un chofer de Uber y le destrozaron su automóvil sin que la autoridad, ahí presente, hiciera algo.

¿Qué nos deja este tipo de actuaciones por parte de la autoridad? Muy fácil: que el ciudadano empiece a interiorizar que las leyes y los reglamentos pueden pasarse por alto; resultando en que la autoridad se debilite y pierda legitimidad. Así perdemos todos, ¿no?

Un mundo en el que la ley existe pero no se respeta ni aplica es malo para todos, pues nos dejaría como resultado un lugar regido por la ley de la selva; imponiéndose el más fuerte, astuto o rico.

Si lo recurrente empieza a ser que individuos o grupos violenten la norma sin consecuencia o sanción alguna, entonces la sociedad tenderá a considerar a la autoridad como una burocracia depredadora o decorativa, con la cual sólo se puede transar, negociar o, en el peor de los casos, ignorar. Así, otra vez, perdemos todos, ¿no?

La corrupción, la impunidad y la falta de un estado de derecho funcional son un abismo que nos impide avanzar; para cruzarlo tenemos que ser un país de leyes, de lo contrario éste siempre se tragará cualquier esfuerzo modernizador que emprendamos como sociedad.

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