23 de Octubre de 2018

Opinión

Las jarras oliveras españolas

En el año 1592 llegaron a América más de 220 mil de estos contenedores.

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Las jarras oliveras son contenedores de material cerámico de forma globular ligeramente cónica con una base redondeada y una boca con reborde resistente y estrecha. Por las caracteristicas que presentan, es muy probable que fueran elaborados sobre un torno y en dos partes y luego se unieran puliendo las juntas.

En la manufactura de esos contenedores, al parecer, se usaron plantillas, a juzgar por las huellas observables en las zonas cóncavas. Hay que señalar que estas vasijas elaboradas con arcilla fueron los primeros contenedores que fueron enviados al nuevo continente y fueron ampliamente comercializados durante el siglo XVI.

El éxito que tuvieron estos objetos cerámicos radicó en la forma simplificada que tienen. La ausencia de asas se sustituye por un cuello corto y una boca o borde anillado y resistente. La forma y las dimensiones se ajustan al tamaño de la mano, lo que facilita su manejo.

La cantidad de jarras registradas que llegaron a América en el año de 1592 fue de un total de 226 mil 227, sin considerar las que se trajeron de manera ilegal y/o de contrabando.

En estas jarras se transportaban productos agrícolas y sobre todo vino y aceite. Las fuentes históricas mencionan que también se comercializaban estos contenedores vacíos en grandes cantidades.

Con base en las dimensiones y productos, se dice que la botija perulera tiene capacidad de una arroba, lo que equivale a 11.5 litros, y que servía para transportar vino. La botija medio perulera tiene capacidad de media arroba y se utilizó para envasar aceite. Las botijas con capacidades de cuarta arroba, arroba y media y dos arrobas fueron contenedores para trasladar productos diversos.

El valor histórico y arqueólogico que adquieren estas botijas o jarras oliveras lo constituyen las marcas que se practicaban en estos envases, las cuales servían para identificar al propietario, el puerto de embarque, que regualrmente era el puerto de Sevilla, y el puerto de destino, todo lo cual permitía la entrega al destinatario del producto.

Las marcas de las jarras oliveras estaban registradas en la Casa de Contratación de Indias y en las escrituras notariales del destinatario.

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