15 de Diciembre de 2017

Opinión

Amor siempre presente

Podemos tener cosas o carecer de ellas, pero mientras tengamos a alguien que nos ame no habrá sentimiento de carencia.

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 Para mi esposa Gabriela Quiñónez

Hace algunos días conversaba con una persona cercana ya a los 60 años; me contaba que había nacido en una familia pobre en nuestra ciudad; hace más de medio siglo nació en un hogar que no tenía ni siquiera un baño, sin energía eléctrica, agua potable o al menos una calle, sino apenas un camino de tierra; por supuesto, mucho menos disponían de un teléfono o un televisor. Contando con unos tres o cuatro años llegó a su casa la electricidad y todo comenzó a mejorar; cuando tenía entre unos ocho o nueve años, su familia ya contaba con todos los servicios, con excepción de la calle que las autoridades demoraron años en construir.

Lo interesante es que no recuerda haberse sentido pobre nunca, sus días pasaban coleccionando mariposas, libélulas y toda clase de insectos; por supuesto, no podían faltar los renacuajos capturados en algunos de los muchos charcos de la calle, observar cómo día a día mágicamente se iban convirtiendo en ranas, para después liberarlas en alguno de los múltiples charcos donde los habían capturado era casi un ritual de su vida diaria; toda clase de alimañas, desde tarántulas hasta una que otra serpiente venenosa, pasaba por sus días y los de sus hermanos y en no pocas ocasiones pasaron también por sus manos.

Recuerda que para él su situación era normal e incluso se sentía feliz, arropado y querido. Por las mañanas, su madre los despertaba a todos y su abuela les preparaba el desayuno, una mesa muy grande en la que se rodeaba de sus cinco hermanos, un sexteto lleno de vida, alegría, curiosidad y travesuras.

La vida era buena, tenía una casa, comida, un lugar donde dormir; hermanos qué amar y con quienes pelear eran parte de cada una de sus horas. Rodeado del cariño de todos no le hacía falta nada, sabía que todos los días al despertar aquellos que amaba y le amaban estarían ahí para él.

La única nube en sus días era ver tan poco a su padre, siempre fuera de la casa y estando en ella frecuentemente cansado y malhumorado, frío y distante, sin palabras o gestos de cariño; ansiaba que de vez en vez y en algunos días su padre lo abrazara y le dedicara algunos besos; sin embargo, eran mucho más comunes los regaños por su mal comportamiento, las calificaciones o por alguna travesura en la casa que terminaba en unos cuantos azotes, pero esa nunca fue razón suficiente para dejarlo de amar, estaba agradecido porque tenía lo que necesitaba, tenía a quien amar y era muy amado y de ello tenía prueba en la presencia diaria de toda su familia.

Por las mañanas, al abrir los ojos y por las noches al cerrarlos, el motivo de su felicidad estaba junto a él, unos padres, abuela y hermanos que lo amaban y se lo demostraban estando siempre ahí, desde sus primeros pasos al caminar, hasta los días de escuela, pasando por las enfermedades y las aventuras en pandilla; lo que necesitaba lo tenía en la presencia diaria de quienes compartían su vida con él.

Podemos tener cosas o carecer de ellas, podemos incluso carecer de aquellas que nos parecen más indispensables, pero mientras tengamos a alguien que nos ame y esté siempre presente para nosotros, no habrá en nuestra vida sentimiento de carencia, tristeza o necesidad, porque, como con mi muy buen amigo, el amor hecho presencia diaria y compromiso constante colma todo corazón humano.

¡Que no nos mienta el mundo!, la felicidad no está en tener, está en ser una persona que ama y es amada; en muchas ocasiones no podremos colmar todas las necesidades materiales de aquellos a los que amamos, pero nuestro cariño y amor transformado en obras y presencia diaria será la cura que necesita tanto nuestro corazón como el de aquellos a quienes amamos.

En innumerables ocasiones nos enfrentaremos al problema de que nuestro amor no podrá resolver la situación del otro, pero no será necesario hacerlo, también podemos acompañar en silencio; estar presentes siempre es sin duda una prueba irrefutable de amor al otro y un bálsamo en el corazón del que sufre.

Afortunados todos lo que, como yo en mi esposa, tenemos a alguien que es presencia diaria, que es amor y compromiso todos los días, amor profundo hecho compañía y entrega a través de los días y los años de nuestra existencia; que las cosas no lo son todo, pero el amor hecho presencia sí lo es. Recordemos que en el amor las tristezas compartidas se dividen y las alegrías compartidas se multiplican.

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