14 de Noviembre de 2018

Opinión

Dilemas que no lo son

Vivimos en una sociedad particularmente radical y generadora de falsos dilemas sobre los que pareciera que indiscutiblemente.

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Vivimos en una sociedad particularmente radical y generadora de falsos dilemas sobre los que pareciera que indiscutiblemente tenemos que pronunciarnos; en buena medida, en nuestra vida diaria estamos acostumbrados a elegir una opción que parece negar la posibilidad de otra, así hemos de decidir: ¿nos gusta el futbol o el beisbol?, ¿preferimos el vino o la cerveza?, ¿nos acercamos más políticamente a la izquierda o a la derecha? Lo interesante es que al elegir una de estas cosas no se tiene que negar a la otra, puede gustarnos el futbol y el beisbol, disfrutar tanto de una cerveza como de una copa de vino, encontrar ideas que nos agraden tanto en la izquierda como en la derecha o bien en ninguna de ellas.

Pereciera que es una tendencia natural en nuestra sociedad el actuar de esta manera, es así como en situaciones mucho más trascendentes acabamos en no pocas ocasiones eligiendo entre una de dos opciones cuando es completamente factible abrazar las dos; una mujer no tendría por qué decidir entre ser una buena madre o una buena esposa, ningún hombre debería cuestionarse sobre si es más importante preocuparse por proveer lo indispensable para su casa o ser un buen padre para sus hijos. El hecho es que en la práctica es común acabar dando más importancia a una de estas opciones y terminamos restringiendo nuestras posibilidades y nuestra vida.

Buena parte de esta problemática viene en realidad de ideas limitantes que no tienen una base real en nuestra vida, estamos demasiado habituados a las ideas que segregan, o esto o aquello; habríamos de preguntarnos: ¿y por qué no esto y también aquello? Podemos ser perfectamente incluyentes e integradores; de hecho mientras mayor posibilidad de dar cabida a una amplia diversidad de opciones en nuestra vida más riqueza encontraremos en ella. Podemos ser unos trabajadores muy responsables y también tener espacio para dedicarnos a la pintura, es posible ocuparnos en nuestras necesidades materiales y también alimentar nuestro espíritu.

Es mucho más que evidente que ser incluyente no significa ser anárquico o pecar de falta de integridad; jamás se podrá justificar ser pacífico en ocasiones y elegir la violencia en otros momentos. Incongruente y enferma estaría nuestra alma tratando de compaginar la honradez con el derecho a apropiarse de lo ajeno; es verdad que hay aspectos de la existencia que exigen decisiones definitivas, únicas e innegociables, aspectos que por integridad y autenticidad no podrán nunca considerarse más que de una sola manera.

La intolerancia a la diversidad es una muy mala consejera para transitar por la tierra; la apertura de mente, la aceptación de muy diversas maneras de llegar a la verdad son características indispensables en nuestra existencia para poder entendernos e interactuar en una realidad en la que cada cabeza es un mundo. Nos podemos sorprender de cuántos de nosotros perseguimos los mismos fines y sin embargo nos enfrascamos en arduas batallas más por la forma en la que hacemos las cosas que en lo que deseamos lograr.

En realidad la riqueza del género humano está firmemente anclada en su diversidad, porque ésta es la que le ha permitido producir las asombrosas civilizaciones que se han generado a través de los siglos. Entender que nos es indispensable fomentar la Y de las conjunciones más que la O de las disyunciones es una tarea a la que estamos llamados todos los seres humanos. Hay muchas formas de llegar a la verdad; como escuchaba frecuentemente en mi casa durante mi infancia, hay muchas maneras de bajar un coco.

Si nos damos a nosotros mismos la posibilidad de practicar esa Y que une, podremos incluso disfrutar de una mejor vida, podremos, ¿por qué no?, ser libres y al mismo tiempo obedientes, disfrutar de las cosas materiales de este mundo, como una buena comida o de una tarde en la playa, y también de la reflexión y la meditación que generan riqueza interior.
Dejemos de engañarnos con falsos dilemas, neguémonos a continuar transitando sólo por el lado soleado de la calle, o eligiendo sólo la sombra protectora, porque en cada uno de los diversos momentos necesitaremos un rayo de sol o una sombra que nos conforte del agotamiento del camino. Es nuestra opción elegir vivir la vida plena y no dejarnos engañar por dilemas que no lo son y sí castran la posibilidad de una existencia en plenitud.

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