12 de Diciembre de 2017

Opinión

Arcaísmos meridanos

"Destriparse", "buzo", "estirar la rosca", como muchas otra expresiones, tienen, en Yucatán, otros "significados".

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La literatura sobre la historia del español yucateco está repleta de arcaísmos, muchos sólo se usaron entre determinados estratos sociales de la ciudad de Mérida hasta mediados del siglo XX, pero fueron desconocidos o inusuales en el medio rural yucateco. Varios factores influyeron para que estas voces se fueran olvidando y resulten ya anticuadas: el cambio de generación, de moda, la influencia de los medios de comunicación, entre otros.

Algunas voces antiguas referidas a las personas y su comportamiento o actuación son paluchero y pisabonito, ambas de origen caribeño, la primera servía para nombrar a la persona hábil para engañar por medio de paluchas, estafas o trácalas; y la otra para la persona que caminaba con gracia, estudiaba elegancia, a veces con meneítos, casi como flotando en el aire.

De una persona, generalmente un caballero gentil, que trataba con delicadeza a sus semejantes, se decía que era toda una dama. Buzo se decía al bujarrón, hombre que sodomizaba a otro. Destriparse era sacarse las vergüenzas (miembro y testículos) un individuo y enseñarlas con intención desafiante y agresiva.

En el lenguaje familiar existían expresiones referidas a la mujer o novia y su comportamiento: estirar la rosca era una forma de referirse al cuidado de la novia cuando el novio estaba en su visita. Un equivalente era hacer sats’ (del maya saats’, estirar) que se refiere al hecho de presenciar obligadamente la charla de los novios.
De las muchachas que en los bailes se quedaban sentadas, sin bailar una sola pieza, se decía que comieron pavo y cuando una dama se negaba a salir a bailar con un varón se decía que fue cortado. Si el desaire femenino era manifiesto y grosero se decía que “le hizo una fea”.

Como belleza de postigo se conocía a la mujer bonita pero de piernas flacas. Postigo es la pequeña ventana contenida en una puerta o ventana mayor. En el medio rural se decía que era una xbek’ech ook (de pantorrillas flacas). Si la mujer era muy bella se decía que estaba hecha un cromo, pero si era alta y de cuerpo grueso se le decía caballona.

Llamaban ventanazo a la entrevista o encuentro entre novios o amantes, bien desde la calle el varón o desde otra ventana de la casa. Si el encuentro era a uno y otro lado de una albarrada o divisoria entre dos predios se llamaba albarradazo.M

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