19 de Septiembre de 2018

Yucatán

Comienza jugando cartas con la familia, termina en quiebra

El profesionista acarrea un problema de juego desde la adolescencia, que pasó desapercibido.

Juan Francisco Campos Gasque cuenta su testimonio a este medio. (Milenio Novedades)
Juan Francisco Campos Gasque cuenta su testimonio a este medio. (Milenio Novedades)
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Coral Díaz/SIPSE
MÉRIDA, Yucatán.- Juan Francisco Campos Gasque tiene 31 años, es profesionista, pero desde la adolescencia ha acarreado un problema con el juego, que apenas hace cinco meses, tras caer en deudas estratosféricas y mentir a todas las personas de su entorno se dio cuenta de que se trataba de una enfermedad: ludopatía.

Ahora da la cara y cuenta su historia para que la gente entienda que se puede salir de esto. 

“Empecé en el vicio de jugar cartas con mis tíos; siempre me gustó el juego, no sabía de mi enfermedad hasta hace cinco meses y esta es mi historia…”, refirió.

Le gusta mucho el deporte y empezó apostando a los diferentes juegos, al principio eran 10 dólares, de repente esa cantidad ya no era suficiente y la apuesta fue creciendo hasta llegar a jugar 80 mil pesos en un partido.

A veces ganaba, pero las más perdía, por lo que como una bola de nieve, en las máquinas del casino empezó apostando 200 pesos y luego unos tres mil a cuatro mil pesos para que fuera satisfactorio.

Pero la bola de nieve también era una bola de mentiras que se iba agigantando para conseguir más dinero, incluso llegó a tomar fuertes cantidades de dinero de la empresa en la cual laboraba para seguir jugando, creyéndose sus propias mentiras y negando su problema.

Hasta que ya no pudo seguir, dejó de comer, dejó de dormir, su vida era infeliz y decidió salir adelante. Se enfrentó a sus papás, a sus amigos, a la empresa, ya que no sabían hasta dónde llegaba este vicio.

“En un principio no encontré grupo, me metí a Alcohólicos Anónimos y gracias a una tía encontré en mi camino a Centros de Integración Juvenil y ahí contacté a los Jugadores Anónimos y llevo tres meses en este trance de recuperar mi vida y de resarcir todo el tiempo que perdí con tanta mentira, con esta adicción”, subrayó.

El andar no es fácil, pero lo intenta a diario. “Solo por hoy no”, y sigue adelante, cuando pasan un partido de futbol americano, en su menta le pasa la idea de que hubiera pasado si apostaba, pero es un proceso que pretende llevar hasta el final, porque “sí se puede”.

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