25 de Septiembre de 2018

Opinión

Cómo (intentar) curar un corazón roto

Cuando te enamoras por primera vez, el corazón nunca se cura del todo...

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Cómo (intentar) curar un corazón roto por Diana Puga Pérez 

Las instrucciones fueron simples: “abstinencia y soledad”, al menos eso dijeron los poetas que podía curar el mal de amores. No les crean. Llegué a esta conclusión después de pensarlo muchos días y muchas noches, pero para que lo entiendan tengo que contarles una historia.

Durante mis años de secundaria y preparatoria escuchaba a mis compañeras decir una y otra vez que estaban enamoradas de aquel muchacho con el que salían los fines de semana. En casa escuchaba decir a mis padres que eso no era más que un “capricho de niños”; ya no sabía qué creer. Con el tiempo pude darme cuenta que tal vez nadie, o muy pocos, se enamoran a esa edad; mis padres tenían razón, lo comprendí tiempo después, cuando, con veinte años, me enamoré por primera vez.

Cómo me gustaría contar un final feliz, pero el título de esta historia lo dice todo, vengo aquí a enseñarte cómo curar un corazón roto, a contarte cómo lo hice (o cómo estoy intentando hacerlo) porque la verdad, después de marcar tantos días en el calendario, he entendido que cuando te enamoras por primera vez, el corazón nunca se cura del todo.

Me gustaría tener una lista, una de esas que me dijeran cada acción y cada decisión que debo tener para lograr sacar a alguien de mi vida, para lograr que esa sonrisa y ese cabello negro a más no poder se borren de mi mente. Tal vez el secreto para curar un corazón roto reside en escribir hasta llenar una libreta, o tal vez en reproducir una y otra vez la canción que nos lo recuerda a él (o ella) hasta que la letra pierda sentido, tal vez el secreto está en pedir el deseo de olvidar cada vez que una estrella fugaz pase por nuestros ojos.

Tal vez el secreto para curar el corazón roto está en dejar ir a aquellos que nos dejaron ir, o renunciar a lo que siempre quisimos tener; el secreto para curar el corazón tal vez está en huir y dejar que los demás nos encuentren, está en leer una y otra vez los poemas que dedicamos hasta que las palabras ya no alteren nuestra mente y prometo que repitiendo esas acciones, un día tras otro, llegará el momento en que, al mirar aquellos ojos que se adueñaron de nuestra vida por mucho tiempo, nos demos cuenta de que ahora forman parte de nuestros recuerdos; pero tranquilos: curar un corazón roto toma tiempo, no es tarea fácil.

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