21 de Octubre de 2018

Opinión

Cogito

Es probable que todos hayamos escuchado o dicho alguna vez la famosísima frase “pienso, luego existo”...

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No hay falta de ortografía en este título, ni tampoco se trata de una grosería. Es probable que todos hayamos escuchado o dicho alguna vez la famosísima frase “pienso, luego existo”, a la que precisamente se le conoce como “el cogito”, ya que así ha sido traducida al español la locución latina “cogito ergo sum”, que es el planteamiento filosófico y elemento esencial del racionalismo occidental propuesto por el filósofo, matemático y físico francés René Descartes en su obra “Discurso del método para conducir bien la propia razón y buscar la verdad en las ciencias”, publicada en 1637.

Mucho antes, ya Gómez Pereira, un filósofo, médico y humanista español, de cuya vida no se sabe mucho, ya que no hubo quien recogiera su semblanza por escrito, había planteado en 1554 la misma idea, casi como lo hizo después Descartes, cuando escribió: “Conozco que yo conozco algo. Todo lo que conoce es, luego yo soy”. Esta coincidencia fue motivo de que otro pensador francés, Pierre-Daniel Huet, admirador del cartesianismo en su juventud, después lo combatiera y denunciara a Descartes por plagio, en su obra “Censura de la Filosofía Cartesiana”.

Pero sin importar si se trató o no de un plagio cartesiano a las ideas de Gómez Pereira y de Francisco Sánchez, resulta que esta traducción a nuestro idioma, proveniente a su vez del francés tal y como la planteó originalmente Descartes: “Je pensé, donc je suis”, no es necesariamente la más precisa, sino que pareciera más exacto decir: “Pienso, por lo tanto soy”. Y es que, valga la redundancia, si lo pensamos bien, existe una abismal diferencia entre simplemente existir, que ser, un concepto mucho más amplio, profundo y categórico aplicable a toda persona que, como tal, posee la capacidad de pensar.

Y pienso que ese es el objetivo que todos debemos perseguir en nuestra vida: ser. No sólo pasar por ella existiendo como una cosa inanimada, como un objeto. Creo que el ser empieza a construirse desde los elementos básicos que te brindan identidad, tu nombre por ejemplo; y tus apellidos, que indican la familia a la que perteneces y de la cual heredas ya un prestigio, una reputación, elementos mucho más valiosos que cualquier riqueza material, y que no es posible adquirir con billetes y monedas en la tienda de la esquina.

Luego está lo que tú hagas de tu propia vida, y de nuevo no me refiero a la acumulación de riquezas. En la película sobre la vida de Margaret Tatcher, “La Dama de Hierro”, se refiere que el padre de la ex primera ministra del Reino Unido le decía que ella tenía que ser mejor que él, y que así cada generación tiene que superar a la que le precede.

Ser mejores personas, más preparados, que incrementemos la herencia de quienes nos precedieron, hará la diferencia entre llegar a ser y simplemente existir.

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