22 de Septiembre de 2018

Opinión

Charging Bull

La obra se ha convertido ya en una de las imágenes más icónicas de la ciudad de Nueva York.

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Hace algunos meses, caminando por el parque neoyorquino de Bowling Green, percibí desde lejos a la multitud que hacía una interminable fila y otros que rodeaban un gigantesco objeto, que es un icónico ejemplo de una ferviente muestra de curiosidad por una pieza de arte urbano, que atrae a miles de turistas todos los días.

Probablemente ni siquiera su creador, el artista nacido en Vittoria, Sicilia, y luego naturalizado norteamericano, Arturo Di Módica, imaginó que su irreverente regalo fuese a causar tal revuelo y le hiciera ganar tanta fama internacional. Durante dos años estuvo trabajando en él, en su estudio de la calle Crosby en el distrito del SOHO en el bajo Manhattan. Se trata de una escultura de bronce de más de tres toneladas y media de peso, de 4.9 metros de largo y 3.4 de altura, que se ha convertido ya en una de las imágenes más icónicas de la ciudad de Nueva York, denominada “Charging Bull”.

Es un toro con la cabeza agachada y las rodillas flexionadas, echando llamaradas por las fosas nasales preparándose para embestir, con sus diabólicos, largos y afilados cuernos, que lo hacen lucir como una embravecida y peligrosa bestia. Su musculoso cuerpo se muestra retorcido hacia un costado, y su cola alzada y curveada como un látigo. Simboliza la prosperidad, la fuerza, valentía y optimismo con que los norteamericanos habían enfrentado la crisis financiera de 1987.

Di Módica invirtió en su construcción todos sus ahorros, poco más de 350 mil dólares, y decidió regalarlo a la ciudad de Nueva York y al mundo entero. No le dio la gana de sacar un permiso, ya que dice que los regalos no se avisan. Planeó instalarlo clandestinamente frente a la Bolsa de Valores de Nueva York la madrugada del 15 de diciembre de 1989. La noche anterior fue al sitio armado con un cronómetro, y notó que una patrulla de la policía pasaba por ahí cada 5 ó 6 minutos, de modo que decidió que tendría que realizar la maniobra completa en no más de 4 minutos y medio.

En la madrugada se sorprendió al ver que pocas horas antes habían instalado un árbol de navidad de 18 metros de altura, por lo que decidió dejarlo justo ahí bajo el árbol como regalo de navidad para los neoyorquinos. Los funcionarios del NYSE (New York Stock Exchange) llamaron más tarde a la policía y fue retirado ese mismo día, pero ya la gente estaba encantada, y sus protestas obligaron al departamento de parques y recreación a reubicarlo en Bowling Green, su sitio actual.

Los turistas, en especial asiáticos y latinoamericanos, creen que acariciar sus testículos (los de la escultura) les acarreará suerte y prosperidad económica (para así poder dedicarse a acariciar los propios). Yo, la verdad, prefiero trabajar arduamente todos los días, como me enseñaron mis padres (y no tener que acariciárselos a nadie más).

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