24 de Septiembre de 2018

Yucatán

'Cristo es la puerta'

La salvación va dirigida a toda la humanidad, lo importante no es saber quién va a pasar, sino la actitud que trae consigo seguir a Cristo.

La Eucaristía, signo y anuncio que espera la plenitud de realización en el cielo. (somosvicencianos.org)
La Eucaristía, signo y anuncio que espera la plenitud de realización en el cielo. (somosvicencianos.org)
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MÉRIDA, Yuc.- XXI Domingo Ordinario.

Is 66, 18-21; Sal 116; Heb 12, 5-7. 11-13; S. Lc 13, 22-30.

La lectura de hoy parece indicar que el Señor nos anuncia que la puerta es estrecha. Dios por lo mismo corrige a las personas para que puedan pasar por esta puerta, y luego viene el gran anuncio de que toda la humanidad vera la gloria de Dios.

Es una manera correlacionada de meditar las lecturas de hoy y así bien en la Sagrada Escritura no hay una secuencia de tiempo –pensamiento valorado en la exégesis rabínica- “no hay antes, ni después”. Pero debemos señalar que con la venida de Cristo, ha llegado la plenitud de los tiempos que establece un “antes” que son la profecía y los signos; y un “después” que indica el modo de la realización en Cristo.

Por ello leemos el Evangelio de hoy a la luz de la profecía para comprender que es anuncio gozoso, pero por el que se paga un precio alto.

La Encarnación, la vida y la muerte de Jesús son la manifestación más evidente del hecho de que Dios no elige los caminos de la facilidad, sino los del amor y el amor es el que sugiere las elecciones difíciles y valientes.

I.- El regreso a casa, comporta la conversión

La primera lectura es como una síntesis de todo el Antiguo Testamento, con perspectivas universales impresionantes, Dios quiere reunir a todas las naciones para que contemplen su gloria, y esto lo hará con los mensajeros enviados a todas las naciones, para invitar a los hermanos judíos a regresar y reunirse en Jerusalén; esto será una ofrenda agradable a Dios nuestro Señor, y como es una ofrenda agradable a Dios, Él se elegirá entre ellos sacerdotes y levitas que servirán al nuevo templo.

En esta perspectiva se comprende la realización profética en la presencia de Jesús, que envía a sus apóstoles a todos los confines de la tierra para que conozcan al Señor; y ese ofrecimiento que antes se tiene en Jerusalén y el templo, ahora lo constituye la Eucaristía, signo y anuncio que espera la plenitud de realización en el cielo (Lc 22,16) y así se realizarán las profecías cuando todos los pueblos hayan reconocido en el Israel de Dios recapitulado en la persona de Cristo, la centralidad de la salvación.

Eso nos hace comprender el compromiso misionero, que corresponde a cada católico, que obtiene misericordia en la redención de Cristo y que debe mostrar y demostrar a todos el amor del cual Él es capaz.

Este regreso de los judíos a Jerusalén, y de los cristianos a Cristo, comporta una decisión de conversión y que es el verdadero fondo de la enseñanza.

La conversión motivada en el amor, es el verdadero camino para regresar a la casa del padre y encontrarse con Cristo.

II.- El Señor, corrige a quien ama

La carta a los Hebreos contiene una exhortación dirigida a los cristianos, los que son enviados a todos los confines de la tierra. Son llamados hijos de Dios (Heb 12.5) porque su filiación la han obtenido en Cristo, ya que se han incorporado a su Cuerpo Místico por el Bautismo.

Y precisamente porque son hijos se explica el que los sufrimientos que pasan son como medios a través de los cuales el Señor los guía, corrige del egoísmo y los hace fuertes en el amor.

Esta corrección aunque pueda traer al principio tristeza, trae consigo un fruto de justicia y de paz. (Heb 12,11)

Así podemos pensar no tan solo en las persecuciones que siempre padecen los cristianos sino en las pruebas por medio de las cuales el Señor purifica nuestra fe, y nos va conformando a su voluntad para que seamos misioneros enviados por él, forjadores de una nueva humanidad con el anuncio de la Buena Nueva, en la fecundidad de la comunión de la Iglesia.

Como bien dice la Escritura: “Hijo mío, no rechaces la instrucción del Señor, ni te enojes por su corrección, pues el Señor corrige a quien ama, como un padre a su hijo predilecto”. (Prov 3, 11-12)

III.- La puerta estrecha al horizonte inmenso

Es un mensaje exigente el de este día en el Evangelio, porque por una parte la salvación debe de llegar a todas las personas en toda la tierra, y por otra parte hay textos que se interpretarían como si fueran pocos los que se han de salvar: “Muchos son los llamados y pocos son los elegidos”. (Mt 22, 14)

Jesús con respecto al “cuántos” nunca quiso responder, manifestando que pertenece al secreto de Dios.

San Antonio Abad preocupado por ello en el desierto, recibió de Dios esta respuesta: “Antonio, vela sobre ti mismo, ya que el juicio sobre los demás corresponde a Dios, y nada ganas con saberlo”.

En la perspectiva del tiempo de Jesús, se trata de una típica pregunta para circunscribir y limitar el número de los salvados. Pero Jesús no quiere satisfacer ése reduccionismo que está a la base de la pregunta y por el cual si somos judíos podríamos deducir de ahí que somos privilegiados y salvados.

También nosotros en la Iglesia hemos comido y bebido en la presencia de los santos y celebrado los misterios; y podemos tener el miedo de que el Señor de la casa nos diga: “Yo les aseguro que no sé quiénes son ustedes apártense de mí todos ustedes los que hacen el mal”. (Lc 22, 27)

Dios reconocerá como suyos, los que son de Él, nacen de Él por medio del Bautismo, pero luego su vida toda es una obediencia a la voluntad de Dios, actuando en todo conforme a la luz del Evangelio, en la humilde fecundidad de la comunión con la Iglesia. Por ello sabemos que el seguimiento de Cristo, comporta la puerta estrecha”. (Lc 22,24)

La salvación va dirigida a toda la humanidad, lo importante no es saber quién va a pasar, sino la actitud que trae consigo seguir a Cristo, es decir: “Aceptar su voluntad y designios, cumplir los mandamientos, vivir en la confianza en Dios que nos ama y que hace que todo coopere al bien de los que aman a Dios.

Alimentar la esperanza con el compromiso, trabajo y responsabilidad que lleva consigo mejorarnos y promover integralmente a la persona humana para forjar un mundo mejor de justicia y paz”. (Lc 22,11)

IV.- Conclusiones

Qué bien escribe Abraham Lincoln: “No hay que decir que Dios está de nuestra parte, sino que debemos orar para que podamos encontrarnos en la parte de Dios”; “no hay un reino de vivos y otro de muertos, sino que el Reino de Dios somos nosotros –vivos o muertos- todos estamos dentro”, escribe Bernanos. No sólo compartir los alimentos, sino los sentimientos, los compromisos, los sacrificios, ¿quién te ama de verdad? Él que te promueve integralmente.

Por ello debemos de afrontar la agonía de nuestro orgullo, para desarmar, renunciar y despojarnos de cualquier forma de agresividad.

Al banquete al que todos somos invitados debemos llevar el vestido adecuado tejido de: gratitud a Dios, humilde reconocimiento de nuestros límites y pecados, aceptación de los errores, no hacernos jueces de los demás, comprensión hacia los límites de los otros, serenidad ante la contradicción, humildad en el triunfo, facilitar la vida a los demás, ayudar al necesitado, espíritu de servicio en el desempeño de la propia vocación.

Como bien nos dice la oración colecta:

Dios nuestro, tú que puedes darnos un mismo querer y un mismo sentir concédenos a todos amar lo que nos mandas y anhelar lo que nos prometes para que, en medio de las preocupaciones de esta vida, pueda encontrar nuestro corazón la felicidad verdadera.

Por nuestro señor Jesucristo. Amén.

Mérida, Yuc., 25 de agosto de 2013. 

† Emilio Carlos Berlie Belaunzarán
Arzobispo de Yucatán 

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