24 de Septiembre de 2018

Opinión

Dauphin

Hoy, en Yucatán, parece haber muchos deseosos de ser el 'gran delfín'.

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Suele usarse en política la palabra “delfín” para designar de entre los aspirantes a un cargo público a quien goza de la simpatía, afecto y preferencia de quien detenta ese mismo cargo. De manera similar ocurre en algunas organizaciones privadas. Y aunque no es una regla, parece que el término algunos lo utilizan en sentido peyorativo, insinuando que el delfín no posee cualidades o talentos que lo hagan merecedor o digno de ocupar tal posición, sino que únicamente lo recibirá en “herencia” gracias al afecto de quien lo promueve o, más grave aún, por la intención de este último de prolongar su poderío colocando a quien le será fácil tener bajo control.

El origen de este término se encuentra en el título nobiliario francés “dauphin de France” o delfín de Francia, que se usó de manera ininterrumpida desde 1349 hasta 1830 y que estaba reservado a los príncipes herederos al trono de Francia que además fuesen hijos legítimos del monarca reinante.

Entre los delfines más célebres se encuentra Luis de Francia, hijo mayor y heredero del rey Luis XIV y la reina María Teresa de Austria, que fue conocido como el Gran Delfín, de quien se predijo al nacer que sería “hijo de un rey, padre de un rey, pero nunca rey”. Por iniciativa de su preceptor, el duque de Montausier, se editó una colección de clásicos griegos y latinos destinados a la educación en humanidades del joven delfín, que consta de 64 volúmenes a los cuales se les expurgó o modificó cualquier pasaje escabroso o que no se considerara adecuado para la buena educación del heredero al trono. En la cubierta de cada volumen se estampó la fórmula latina con que se conoce esta colección: Ad usum Delphini, que significa “para uso del delfín”.

Hoy, en Yucatán, parece haber muchos deseosos de ser el gran delfín. Por su parte, los líderes del partido en el poder, y ante los grandes tropiezos ocurridos en otros estados gracias al comportamiento delictivo y criminal de algunos gobernantes, hoy prófugos o detenidos, saben que el elegido debe ser seleccionado cuidadosamente, sin causar fracturas, además de endosarle dentro de lo posible una dosis de buena educación, una especie de moderno ad usum delphini, que le señale el camino y norme su actuación, pero sin censura, sin sesgos, pleno de realidad.

Quizá sin proponérselo, el gobernador Zapata ha dejado ya en herencia, con su actuación, algunos volúmenes de su propio ad usum delphini, caracterizado por una actuación firme, respetuosa, seria y profesional en casi todos los sectores de la sociedad y la economía. Lamento que uno de los pocos sectores en donde ha quedado en deuda sea el de la construcción, y la atención justa y equitativa a muchos verdaderos y antiguos constructores, pero injusto e irreal sería no reconocer los avances y el buen desempeño general de su gestión.

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