14 de Diciembre de 2018

Opinión

Ayudantes

El Poder de la Pluma.

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Para K

Durante mis pocos años de vida, he conocido (y no estoy orgullosa de decirlo) a unas cuantas personas con depresión, las he visto aislarse, dejar a un lado sus anhelos por ese sentir de vacío que cargan con cada día que pasa. Las he escuchado decir que sus ganas no son suficientes y las he visto llorar porque no se quieren dejar de luchar pero sus fuerzas ya no son tantas para seguir haciéndolo.

Hace dos años, en México se contabilizaron más de 5 mil suicidios. Yucatán ocupa uno de los primeros lugares en este índice, cada 35 horas alguien decide acabar su vida de esta forma. Los estudios afirman que están plenamente relacionados con la depresión, una enfermedad que se ha normalizado en la sociedad.

Las cifras muestran que más de 30 millones de personas en el país han pasado por esto. Estoy segura que tú que estás leyendo esto has convivido con quizá más de una persona que haya sufrido esto. Tal vez te diste cuenta pero supiste cómo ayudar. O quizá no lo supiste, porque por fuera muchas veces tenía una sonrisa tan grande que no podías imaginarte que cupiera un gramo de tristeza en su cuerpo.

Es nuestro deber saber que muchas veces la depresión no viene acompañada de lágrimas y una cara triste, muchas veces viene con algunos chistes y unas sonrisas. Es nuestro deber saber que no es una elección, que tenerla es mucho más que estar triste, que viene acompañada de culpa, de desesperación, aislamiento y mucho más.

Debemos entender que no desaparecerá con decir que no vale la pena estar así, debemos intentar comprender lo que ellos sienten, lo que piensan, debemos hacerles saber que estamos con ellos, que no están solos, que no es su culpa. Debemos dejar a un lado ese egoísta pensamiento de que nuestro bienestar es más importante que cualquier otro, debemos dejar de esperar los errores de las personas, debemos parar de hacer públicas todas las cosas porque no sabemos a quién lastiman y, sobre todo, cuánto duelen.

Ahora es tiempo de ir, tratar de ayudar a quien lo necesita, darle un abrazo a aquel o a aquella que lo necesita, a aquel que nos lo pidió pero no lo se lo dimos, porque no quisimos, porque no pudimos, porque tal vez en aquel entonces ni siquiera nosotros éramos lo suficientemente fuertes para hacerlo. Vamos a ayudar, que todos merecen vivir.

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