21 de Agosto de 2018

Opinión

Don Patricio, verdadero guardián de Kabah (1)

Tuve la fortuna de platicar amenamente con el Sr. Julio Salazar Uh...

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Tuve la fortuna de platicar amenamente con el Sr. Julio Salazar Uh, custodio adscrito en Chichén Itzá, quien me habló de don Patricio Salazar Castillo, contemporáneo de mi abuelo Nicolás Huchim, ambos muy conocidos en la región. Los de esta generación sí fueron de verdad guardianes del patrimonio arqueológico, que desempeñaban con orgullo su trabajo a pesar de las dificultades por las que pasaron, todo lo contrario de lo que ocurre con la mayoría de los custodios de hoy. ¿Qué pasó? ¿cómo y en qué momento se perdió la mística de servicio?

Pero mejor les comento lo que Julio narró con gran orgullo, algo breve y muy valioso. Recordó que su padre, don Patricio Salazar, inició su labor en el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) alrededor de 1940. Trabajó siete años en la zona arqueológica de Chichén Itzá, luego estuvo otros catorce años en la zona arqueológica de Uxmal, junto con mi abuelo don Nicolás, y veintidós años más en Kabah, en donde, después de cumplir sus cuarenta y cuatro años de servicio, se jubiló.

Cuando don Patricio fue transferido a Uxmal por instrucciones del arqueólogo Alberto Ruz Luhillier, entonces jefe de la oficina, al legar a la zona arqueológica, le pregunta al señor Ruz, en dónde se encontraba el campamento para alojarse. Entonces se dirigen al Cuadrángulo de las Monjas y el arqueólogo Ruz le dice: Patricio, aquí hay muchos cuartos en estos edificios, elige en cuál de ellos te quieres quedar.

Sin saber la historia del sitio, el Sr. Salazar eligió los cuartos centrales del edificio oriente del Cuadrángulo de las Monjas, sede de los guerreros y de la milicia de la élite prehispánica de Uxmal. Allí vivió por un período de siete años. Julio comenta que allí creció con sus hermanas Araceli, Minelia y María Luisa y su hermano Rubén. Una hermana de la que no recuerda su nombre falleció de corta edad a causa de calentura en el mismo Cuadrángulo de las Monjas.

Le pregunté a Julio de dónde vino el sobrenombre de “Pinta monos” con el que todo el mundo conocía a don Patricio; se hecha una carcajada y comenta que su padre era pintor de brocha gorda y un día el jefe del INAH le pide que pinte su casa, pero este jefe tenía un mono en su casa y de manera accidental le cae la pintura al primate y a partir de entonces al señor Salazar le pusieron el apodo de “Pinta monos”.

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