24 de Septiembre de 2018

Yucatán

Dos historias del famoso panteón de Belén

Un vampiro que asoló Guadalajara y un enfermo terminal de cáncer que se suicidó descansan en el cementerio tapatío.

Este es el “árbol del vampiro” y su tumba, en el panteón de Belén.
Este es el “árbol del vampiro” y su tumba, en el panteón de Belén.
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Jorge Moreno/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Hace mes y medio contamos en esta sección la historia de “Nachito”, el niño que se aparece en el panteón de Belén, en Guadalajara, Jalisco. Hoy presentaré dos casos que también ocurren en este cementerio, solicitados por los lectores.

Cabe destacar que toda la información que presentaré fue, en su época, corroborada por autoridades municipales y estatales, y documentada por los principales medios de comunicación.

“El árbol del vampiro”

Cuenta una de las leyendas que hubo un vampiro que se alimentaba de sangre tapatía. Todo comenzó cuando se empezaron a reportar a la Policía las apariciones de pequeños animales muertos en la ciudad, sin una gota de sangre.

Después, encontraron algunos niños que habían sufrido la misma muerte, estaban sin una gota de sangre. A raíz de ello, reinó el pánico en las calles y por las noches ya nadie quería salir, preferían, por precaución y temor, quedarse en sus casas, unos a rezar y otros, a pensar en otras cosas, o hacer sus actividades cotidianas. 

Hubo unas personas, quienes, cansadas de esta situación, se armaron de valor para acabar con la amenaza nocturna. Para ese entonces ya se había descartado que fuera algún animal o asesino en serie el autor de los hechos y la mayoría de la gente creía que se trataba de un “vampiro”.

Sospechaban de una familia de rumanos que había llegado a la ciudad a vivir y tenían vicios muy raros, ya que no salían nunca de día, sólo de noche. Tenían muchos animales domésticos, los cuales poco a poco los iban matando, pero no vendían ni usaban su carne.

Un día, descubrieron que un integrante de esta familia era el autor de las matanzas, le siguieron la pista, lo emboscaron y lo mataron; al mismo tiempo, le pusieron una estaca de madera en el corazón con el fin de que no sobreviva.

Al día siguiente, la comunidad lo sepultó (en el panteón de Belén) y pusieron lapidas grandes sobre el cuerpo, con la esperanza de que no saliera de su tumba por la noche.
 
Después de muchos meses, las lápidas fueron quebrantadas. Y un árbol salió de la tumba del “vampiro”. Ese árbol todavía existe en el panteón y se cree que nació de la estaca que fue clavada en el corazón del hematófago. 

Se afirma (aunque no se pudo comprobar y además es poco probable), que cuando la gente cortaba pequeños pedazos del árbol éste sangraba y que el líquido provenía de las víctimas del vampiro. 

Desde ese entonces y hasta la fecha, se afirma que por las noches se pueden ver las caras de las víctimas plasmadas en el árbol, el cual, en apariencia es extraño porque está “encantado”.

La gente dice que deben mantener vivo el árbol, porque, cuando muera, el vampiro regresara. Actualmente, el “árbol del vampiro” es protegido con un cancel porque mucha gente acostumbraba a trozar o romper el tronco, para ver si manaba sangre y por ende el árbol se estaba secando.

“El árbol del ahorcado”

Otro caso famoso del panteón de Belén es sobre un enfermo terminal de cáncer, quien estaba ingresado en el Hospital Civil Viejo, ubicado a un costado del cementerio. Los doctores del hospital decían que habían hecho todo lo que estaba en sus manos y que no había más qué hacer.

A pesar de que estaba desahuciado, la mamá del joven trataba de animarlo. Una tarde, mientras él dormía, ella le puso una foto de san Martín de Porres.

Al día siguiente, cuando Santiago (nombre del enfermo) vio la foto en su mano, la maldijo y renegó de su enfermedad. Su mamá trató de calmarlo y le pidió que tuviera fe y que Dios le daría la salud, pero él estaba tan furioso que le pidió a su mamá que saliera del cuarto, que lo dejara solo y que no quería saber nada de Dios.

Esa noche encontraron al joven colgado en un árbol, al lado del hospital, es decir, en el interior del panteón. Había saltado por la ventana para entrar al cementerio y acabar con su vida.

Actualmente, sólo queda el tronco del árbol y se dice que en la noche se ve la sombra del joven ahorcado. Esto ha sido afirmado por cientos de personas, muchas de las cuales ni idea tenían de esta historia, ya que no hay ningún letrero cerca.

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