22 de Septiembre de 2018

Opinión

El cazador de venados

Hace unos días, platiqué con Don Claudio Cocom, originario de Abalá, donde...

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Hace unos días, platiqué con Don Claudio Cocom, originario de Abalá, donde es muy conocido, sobre todo porque una de sus principales cualidades es ser muy trabajador. Don Claudio se dedica principalmente a las actividades del campo, que alterna con el cuidado del ganado que tiene en un ranchito. Todas las mañanas y todas las tardes, en su triciclo cargado de pasto, se dirige lentamente a su terreno llevando la comida de sus animales. Dice que mientras descansa, junto con su inseparable ayudante, Paco, se dedican a hacer instalaciones eléctricas domésticas. También a extraer de los pozos bombas sumergibles de agua para riego. Con los años que tiene, ha acumulado una cantidad de saberes producto de su vida cotidiana.

Don Claudio nos narra que también se dedicó a la cacería y nos refiere un conocimiento que le compartió un amigo muy cercano al que describe como su verdadero cuatach. El cazador tenía mucha suerte, ya que, las veces que salía a la cacería, regresaba con un venado y eso lo hacía todos los días.

Un día salió a cazar, tiró un venado muy grande, pero no cayó muerto, sino que se fue con mucho trabajo, arrastrándose; él siguió al venado y vio que llegó a un agujero que daba acceso a una caverna.

El tirador había seguido las huellas y la sangre que el venado iba dejando a su paso, entró a la caverna y allí encontró un corral muy grande en donde había muchos venados y muy cerca del corral un anciano estaba cuidando el hato de ciervos. El anciano le preguntó qué estaba buscando, el cazador le respondió que un venado al que le había disparado, cuyas huellas le habían llevado hasta la caverna.

El anciano le insiste en que si estaba buscando algún venado y le pregunta cuál de todos aquellos ciervos que tenía al frente estaba buscando. Entonces, el cazador observa y ve que entre los venados hay uno que tiene sangre en el brazo y lo señala. Entonces el viejo le sugiere que lo mate y se lo lleve. El cazador le dispara, lo amarra, lo carga y lo lleva a su casa. Cuando llega, algo cansado y muy emocionado, le comenta a su esposa y a su hijo la experiencia que le había sucedido. En tanto la familia se encargaba de quitar las amarras a la presa y el cazador se tomaba un descanso comentando que conoció al cuidador de los venados, quedó muerto. Don Claudio dice que los cazadores encuentran amuletos que les dan suerte y que son secretos de cazador que no se deben compartir con nadie.

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