17 de Noviembre de 2018

Opinión

El día después. Proyecto de Diego Luna

Estoy segura que estás leyendo esto el 2 de julio y que han pasado un poco menos de veinticuatro horas desde que (casi) todo México salió a votar.

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Estoy segura que estás leyendo esto el 2 de julio y que han pasado un poco menos de veinticuatro horas desde que (casi) todo México salió a votar. Sin embargo, escribí esta columna días antes sin saber resultados.

Ayer (casi) todos entramos con un crayón en la mano, las boletas en la otra y las ideologías muy bien marcadas. Todos entramos a votar por quien pensamos significa el cambio que todo México ha anhelado de forma insistente. Entramos y tachamos el logo de aquel que de una u otra forma nos convenció. Entramos y tachamos el logo de aquel a quien decidimos confiarle lo que tenemos.

Hoy hemos amanecido sabiendo el futuro de nuestro país. Sabiendo quién estará a cargo durante los próximos seis años. Algo irreversible. Algo que, aunque queramos, no se puede cambiar. Qué difícil, ¿no?

Hoy la decisión está tomada, la hemos tomado nosotros. Hoy debemos levantarnos y dedicarnos a construir un mejor país, debemos ir en busca del cambio que pedimos a gritos, pero debemos hacerlo juntos, porque separados, estoy segura, fracasaremos. Hoy hemos despertado con una nueva oportunidad para reconstruir lo que queremos y hacer bien lo que ha salido mal. Con una oportunidad para demostrar que somos capaces de lograr lo que queremos y más, como buenos mexicanos.

Debemos demostrar que ya no esperaremos oportunidades, las crearemos, y que los obstáculos no significan nada para nosotros. Que el país se ha levantado, se ha reconstruido cuando no era más que escombros y que vamos a demostrar que si pudimos levantarnos de eso, podemos levantarnos de cualquier cosa.

Hoy nos hemos despertado con la oportunidad de demostrar que México no solamente se une cuando se pone una camiseta verde cada cuatro años. Y que estamos listos para jugar el quinto partido que verdaderamente importa, ese que jugaremos entre todos para hacer un mejor país, porque quizá sea nuestra última oportunidad. Debemos jugar este partido con empatía, con orgullo, con respeto y con ganas.

Dejemos atrás las diferencias políticas, hagamos a un lado todo eso que nos impide ser uno todo el tiempo, que más de una vez hemos demostrado que, cuando nos unimos, nos unimos bien.

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