19 de Noviembre de 2018

Yucatán

El diablo cambió la vida de un seminarista

Cuando era niño presenció cómo los sacerdotes con los que vivía realizaban exorcismos, y ya no volvió a ser el mismo.

Los niños descubrieron que los seminaristas combatían al demonio a través de los exorcismos. (Foto de contexto/Jorge Moreno-SIPSE)
Los niños descubrieron que los seminaristas combatían al demonio a través de los exorcismos. (Foto de contexto/Jorge Moreno-SIPSE)
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Jorge Moreno/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Hoy les presento una entrevista con un policía que, tal y como dice, es “oaxaqueño de nacimiento, pero yucateco por adopción”, ya que radica en Mérida desde hace más de 20 años, y aunque él directamente no ha vivido alguna experiencia paranormal, contó lo que le pasó a su hermano y que afirma fue “traumante”:

“Cuando vivíamos en Oaxaca, la verdad, éramos muy pobres; éramos seis hermanos y mis papás a duras penas podían mantenernos. Por tal motivo, uno de mis hermanitos fue enviado a un seminario en Chalco desde que tenía 10 años de edad. Ahí estuvo durante su primaria, secundaria y su prepa.

Casi no lo veíamos, sólo una o dos veces por año cuando mucho, pero notábamos que era muy serio; pensamos que era por estar con los sacerdotes.

“Cuando terminó su prepa tuvo oportunidad de estudiar una carrera ahí, pero decidió retornar a Oaxaca porque no había la carrera que quería estudiar y decía que prefería descansar un año antes de proseguir con sus estudios.

“Para ese entonces, todos los hijos de la familia ya éramos adolescentes y nos encantaba ver películas de terror, pero mi hermano nunca quería verlas, se salía del cuarto y se iba a la sala o a cualquier otro sitio.

“Un día, después de mucho insistirle, nos confesó el motivo por el cual no quería ver las películas con nosotros ni estar presente cuando contábamos historias de terror.

“Nos dijo que cuando llegó al seminario de Chalco, los seminaristas eran crueles con los niños, los cuales eran reclutados de los diferentes estados de la República en estado de pobreza, con facilidad obtenían que nuestros padres nos dieran a cambio de educación y alimentos.

Las experiencias que de niño vivió el hermano de un policía de Yucatán lo marcaron tanto que no podía ver películas de terror

“La jornada laboral iniciaba a las cinco de la madrugada con un baño de agua fría y a las parcelas a sembrar y cosechar hortalizas; luego, a alimentar los animales; después del desayuno a las aulas a estudiar; la comida, y nuevamente a la siembra, la granja y alimentar a los animales.

"Por último, a cenar y a dormir. Terminaban tan cansados que no sentían la noche y así era la rutina diaria en el seminario.

“Nos contó que él ya había visto que, en ocasiones, los seminaristas salían de noche con lámparas de petróleo y tardaban horas en regresar, pensaban que iban a orar a las casas, y un día lo llamaron a él y a un grupo de cinco niños, les dieron una lámpara, un rosario, agua bendita y se fueron con ellos.

Al llegar a la hacienda a la que iban, se escuchaban gritos y chillidos como si estuvieran matando puercos. No les dio miedo al principio, pues estaban acostumbrados a los chillidos de los animales en el matadero de la granja.

“Los sentaron en una banca ubicada en el portón de la casa principal y las instrucciones fueron: por ningún motivo se levanten oigan lo que oigan, no se asomen y obedezcan.

Permanecieron ahí sentados, pasaron las horas y los chillidos se confundían con el llanto de una mujer y los rezos de los monjes; de pronto, se abrió la puerta de la casa principal y salió la mujer que lloraba, se sentó junto a ellos y ella dijo que le estaban sacando el diablo a su hija.

“Por curiosidad, dice mi hermano que se asomaron por una rendija de la ventana y horrorizados vieron que  sobre una gran mesa de madera, brincaba una mujer desnuda, con el cabello todo enmarañado, que se arrancaba a jalones.

“Al brincar sobre la mesa vieron sus pies que, en realidad, no eran pies, sino patas de caballo; se escuchaban los cascos como pegaban sobre la mesa, y en su espalda colgaba una gran cola que chicoteaba contra los monjes y los hombres que trataban de someterla. A cada chorro de agua bendita lanzaba tremendos chillidos y se retorcía.

“Mi hermano dice que quedó tan traumado con esa experiencia al descubrir que los seminaristas hacían también exorcismos, que ya nunca más pudo suportar ver una película de terror o escuchar un relato.

Yo le creo a mi hermano y todos empezamos a respetar eso, así ya no le insistimos nunca más a que nos acompañe a ver películas de terror, por eso cada vez que leo en la sección Enigmas un caso de un exorcismo o algo así de feo, creo firmemente en que es real”, finalizó.

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