23 de Septiembre de 2018

Yucatán

'Convierten' basurero en cenote en sólo un mes

En tan sólo un mes este lugar pasó de ser un basurero a un hermoso lugar que se debe visitar.

En el cenote Che´en Há los ejidatarios trabajan regando las plantas y limpiando la maleza que permite su sano crecimiento. (Sipse)
En el cenote Che´en Há los ejidatarios trabajan regando las plantas y limpiando la maleza que permite su sano crecimiento. (Sipse)
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Sergio Grosjean/ SIPSE
MÉRIDA, Yucatán.- Muy contentos y asombrados estuvimos los amigos Raúl Vázquez, Pepe Peraza y quien suscribe al ir nuevamente al cenote de Dzityá y encontrarnos con un panorama formidable, puesto que hasta hace cuatro semanas este sitio era un muladar y, sin duda, un riesgo para el valiente que osara internarse a sus aguas. Este lugar es en el presente un ejemplo a seguir. 

Ayer 26 de diciembre se cumple un mes que un grupo de entusiastas preocupados por la preservación del medio ambiente sanearon integralmente el cenote donde, además de extraer del cuerpo de agua y sus alrededores muchos metros cúbicos de basura e inmundicia, logró reforestar exitosamente una hectárea que lo circunda. No omito en señalar que esta ejemplar acción no hubiera sido posible sin el apoyo económico de las fundaciones Bepensa y Dunosusa, a quienes les debemos nuestro agradecimiento.

Durante un mes, los ejidatarios de esta comisaría famosa porque sus artesanos manufacturan finas piezas en piedra y madera, ejemplarmente han demostrado que pueden estar unidos y trabajar en un bien común.

En lo personal, no podría ni contar con los dedos de una mano casos similares, y el destacado fracaso de casi todos los ejidos yucatecos es el resultado de la desunión, ya que como siempre he dicho, por desgracia, los ejidos poseen una dualidad única: son ricos y pobres a la vez, ya que tienen todas las tierras y paisajes para explotarlos de una manera sustentable y con ello obtener riqueza para sus familias, pero a la vez, hablan en diversos idiomas que los hace alejarse de objetivos positivos.

Llegar al sitio y observar cómo el agua del cenote Che´en Há está increíblemente transparente, y bucear y descubrir que sus entrañas están completamente sanas no puede menos que causarnos gran alegría. Aquí los ejidatarios trabajan regando las plantas y limpiando la maleza que permite su sano crecimiento, así como extrayendo todavía escombro y basura que  se encontraban sepultadas bajo estas gruesas capas que  arrojaron durante años personas que pensaban que esto era un basurero no puede causarnos menos que satisfacción. 

Atención visitantes: los ejidatarios han encontrado basura que arrojan en las tardes personas que van a bañarse luego de 20 años de abandono, quienes no tienen el menor sentido de respeto al medio ambiente. Así que, por favor, no bajen botellas y bolsas; si quieren bañarse háganlo con autorización de los ejidatarios y obviamente con chaleco salvavidas. Si lo visitan, por favor háganlo responsablemente, pues necesitamos preservarlo.

Trabajo comunitario 

Este ejemplo a seguir, trae a colación un caso notable, solo que esto ocurrió hace siglo y medio en el actual poblado de Santa Elena, llamado en aquel entonces Nohcacab, el cual poseía una población de cerca de 6 mil personas. Todas ellas dependían enteramente del agua de tres pozos públicos que había en el pueblo, siendo que dos de ellos eran norias, de las cuales se obtenía el agua por un sistema hidráulico impulsado por mulas. 

Hasta donde sabemos, las personas que comúnmente acudían a cargar agua al sitio eran mujeres, y por cada cántaro que obtenían del vital líquido, dejaban en pago un puñado de maíz que servía para la manutención de las mulas, y el viajero que narró la crónica pagó dos centavos por cada uno de sus caballos que bebió agua.

La fórmula que tenían para lograr que estos cuerpos de agua se preservaran de manera eficiente y  sencilla era la siguiente: la custodia y conservación de las norias constituía una parte importante de la administración gubernamental del pueblo, ya que anualmente elegían a 30 indios que eran llamados “alcaldes de las norias”, cuyo encargo consistía en conservarlas en buen estado y mantener las pilas llenas siempre de líquido. Lo curioso es que NO recibían alguna paga, sólo se les  exceptuaban de ciertas cargas y servicios.

En mi recorrido por los 106 municipios del estado que realicé este año registré muchísimos cenotes que están en los centros de la población muy contaminados con basura que la gente por ociosidad arroja, y aplicando una estrategia similar, podríamos acabar con esta problemática. 

Ojalá y los alcaldes se sacudan la pereza y neuronas, y rescaten al menos los cenotes que tienen en el centro de sus poblaciones. Mi correo es [email protected] y Twitter @sergiogrosjean 

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