18 de Noviembre de 2018

Yucatán

Don Rómulo Rozo y el Monumento a la Patria (I)

Con su carisma y manifiesta vocación artística ganó el aprecio y el respeto de sus maestros y compañeros.

El 23 de abril de 1956 se inauguró, por fin, el monumento a la patria en Mérida, obra señera de Rómulo Rozo. (Sergio Grosjean/SIPSE)
El 23 de abril de 1956 se inauguró, por fin, el monumento a la patria en Mérida, obra señera de Rómulo Rozo. (Sergio Grosjean/SIPSE)
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Sergio Grosjean/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Continuando con nuestra serie “Mérida, pasado y presente”, les relato que la fresca mañana con leve llovizna del viernes 13 de este mes de enero de 2017 se rubricó el homenaje que un grupo ciudadano le rindió al autor del Monumento a la Patria, el escultor Rómulo Rozo, en el propio sitio de su obra cumbre, ubicada en la tercera glorieta de nuestra principal avenida: el Paseo de Montejo.

Como cada año, la cita se llevó a cabo con una ofrenda floral al pie del busto del gran escultor colombiano, en la acera aledaña al monumento, donde, desde hace tres años, nuestro buen amigo el arquitecto Raúl Alcalá Erosa, siguiendo la solicitud de los familiares del homenajeado, lleva a cabo la organización del sencillo pero emotivo evento.

En años anteriores esta conmemoración la organizaba puntualmente la fallecida hija de Don Rómulo, Sra. Leticia Rozo Krauss, contando desde entonces con la eventual participación de Alcalá como orador invitado. El también autor del libro biográfico “Las Piedras Parlantes de Rómulo Rozo”, del cual conservamos un ejemplar –y que por cierto nos debe la dedicatoria nuestro buen amigo-, seleccionó, en esta ocasión, el tema del discurso “Nace un Artista”, en el cual da fe de una fortuita circunstancia que fue definitiva en la formacióndel gran escultor, en sus primeros años en Bogotá al ser llevado ahí por su madre, dejando su natal Chiquinquirá, en compañía de una hermana menor.

Luego de tratar de ganarse la vida ejerciendo diversos oficios como ayudante de albañilería y limpia botas, entre otrostrabajos, para ayudar a su madre, el inquieto niño comenzaba a descubrir su vocación al moldear pequeñas figuras de arcilla y barro, mismas que vendía en las calles. 

Es el caso que, al participar en una exposición artesanal colectiva, a la cual asiste el poeta y diplomático chileno Diego Dublé, que éste se interesa por el trabajo de aquel talentoso infante al grado de encargarle un busto de yeso, mismo que superó las expectativas de quien habría de ser el primer impulsor de su carrera como escultor al redactarle un documento de presentación que fue clave al llevar a cabo el sueño de aquel artista en ciernes: viajar a España para estudiar y realizar su vocación.

Sus últimos años

Luego de no pocas penurias, Rozo logra llegar a la lejana Barranquilla, con más entusiasmo que medios económicos y sin otro bagaje que aquella carta de recomendación logra embarcarse hacia la realización de su sueño. El documento iba dirigido al entonces director del Museo del Prado en Madrid y en él se detallaba las circunstancias de pobreza extrema y de su potencial talento que su propio país no percibió al negarle una de las becas para el estudio del arte que España había enviado con anterioridad para ser otorgadas a quien la mereciera.

El carisma de aquel joven de escasos 16 años de edad y su manifiesta vocación artística ganó el aprecio y el respeto de sus maestros y compañeros, recorriendo los caminos que le conducirían a triunfar en París, Sevilla, México y especialmente en nuestra querida Mérida, donde decidió pasar los últimos veinte años de su fructífera existencia como artista y como ser humano que supo ganarse el corazón de quienes lo trataron en las cultas tierras del Mayab, que tanto admiró y supo interpretar al lograr hacer hablar a  sus piedras con tan solo un cincel y un martillo.

Alcalá relata que maestro Rómulo Rozo bromeaba diciendo que el Monumento a la Patria sería la obra de su vida ya que le había llevado “toda una  vida” concluirla. Cierto día, un emisario de quien hizo el encargo le preguntó “¿para cuándo?“, el escultor le respondió como muchas veces lo había hecho sin perder la sonrisa desde el andamio: “¡Cuando esté lista, ni un día antes!”, posiblemente parafraseando al también “inmortal” artista Miguel Angel. 

Los años transcurrieron hasta que el 23 de abril de 1956 las delicadas tijeras partieron el listón en aquella memorable inauguración. 

Continuará…. 

Mi correo es [email protected] y twitter @sergiogrosjean.

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