16 de Diciembre de 2017

Yucatán

El Ilustrador: La barbarie de los políticos y las piñatas

De la misma forma en que de niño pelea por los dulces que contenía la piñata con figura de su héroe, de adulto lo hace por sus intereses. Esa es la verdadera esencia del poder,

La Piñata con forma de estrella de 7 picos representa los pecados capitales, según se dice fue una forma de evangelización en la Colonia. (Christian Ayala/SIPSE)
La Piñata con forma de estrella de 7 picos representa los pecados capitales, según se dice fue una forma de evangelización en la Colonia. (Christian Ayala/SIPSE)
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Sergio Grosjean/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Elucubrando si la situación actual de México es el resultado de los políticos corruptos o del sentido del obrar del mexicano, llegamos a la conclusión que es la segunda opción, pues éstos emanan de la sociedad.

Por otra parte, existen varias hipótesis con respecto al origen de las piñatas: algunos sugieren que fueron manufacturadas desde el período prehispánico y romperlas simbolizaba abundancia.

Otros consideran que surgieron durante la Colonia y originalmente tenían la apariencia de una estrella con siete picos que representaban los siete pecados capitales: lujuria, pereza, gula, ira, envidia, avaricia y soberbia.

Su colorido simbolizaba la tentación, por eso golpearlas representaba la forma de vencer al pecado y las golosinas que se desparramaban personificaban las riquezas que se recibían del cielo como recompensa del dogma de fe.

Existe una analogía entre políticos y piñatas, y partiremos de la enseñanza de los hijos.

Comúnmente, los niños sueñan que, al convertirse en adultos, serán bomberos, policías o el Hombre Araña. Y su vida gira en torno al personaje que ha sido su amigo, su almohada, cobertor en días de frío, o sueño largamente acariciado para una navidad.

De repente, llega el día de su cumpleaños y en la casa orquestan una fiestecita –cuando hay pan en el lek- y la sorpresa principal es la piñata que, a diferencia del pasado, ahora la representación es del personaje que el pequeño admira.

Llegado el momento de romperla, los niños se enfilan, encabezándola el festejado. Tal y como decía nuestro buen amigo Alberto Hagar: “Observe al pequeñín cuando la turba de parientes y amigos lo motivan a pegarle a su ídolo representado en la piñata, y se percatará que experimenta confusión y consternación, y con deseos de no destruir al personaje que admira y ama, pues esto va contra la sensatez.

"Finalmente, lo hace y cuando logran romperla entre todos, se da cuenta que haber despedazado a su ídolo trae positivas consecuencias, pues al hacerla añicos, fabulosamente recibe un suculento premio: los dulces. Una sonrisa picaresca nos anuncia que ha perdido la inocencia y ha descubierto que destruir lo que ama es recompensado”.

Este un simple ejemplo de cómo corrompemos la bondad y pureza de los niños. El futuro cobra su tributo y cuando el niño crece y se convierte en político, aplica similar “modus operandi” que, en su infancia con su piñata de superhéroe, sólo que ahora arruina al pueblo que lo eligió.

De la misma forma que de niño peleó por sus dulces, siendo adulto lo hace por sus intereses. Y esa es la verdadera esencia del poder, pues esto le va a generar en meses los recursos económicos que muchos no podrían aspirar ni en diez vidas, y estar en puestos claves solucionará su futuro económico, tal y como fue al momento de su piñata que por ser el festejado tuvo un lugar privilegiado en la fila y, por consiguiente, el mejor botín de dulces. Por eso los demás niños lo respetaron ese día, tal y como lo hace ahora el pueblo que eligió al político.

Entonces, nosotros estamos mal, pues no es posible que un individuo, que a diestra y siniestra ha robado, camine tan campante e incluso lo premien con un saludo de “don”.

Tenemos que exigir, pues no es justo que mientras niños en nuestro estado han muerto por falta de medicamentos, políticos mequetrefes viven mejor que reyes.

Piense lo que digo y comencemos a ser honestos con nosotros mismos y tengamos dignidad. Si en algún lugar se topa con una de esas sabandijas, simplemente dele la espalda y si es dable repróchele su actitud; y al político honesto, respételo como a cualquier ser humano honorable, pues honor a quién honor merece.

Sería interesante que se pregunte acerca de los políticos. ¿Qué eran antes de ser los millonarios y poderosos que son ahora? Se sorprenderá, pues casi todos eran unos fracasados y lo siguen siendo, pero con poder y dinero.

Finalmente, en ocasiones creo que soy un poco malpensado, pues parece que algunos políticos sólo cuidan los intereses partidarios, al grado que nos restriegan cotidianamente los errores que cometieron sus adversarios.

Posiblemente me equivoque y pido disculpas en caso de errar, pero no concibo hasta ahora cómo no han podido reparar las rejillas del desastroso “paso deprimido”. ¿No existirá la tecnología para remediar algo tan sencillo? o simplemente, a costa de nuestra seguridad, quieren recordarnos todos los días esta obra que para muchos fue innecesaria y posiblemente una locura, y de esa manera llevar agua a su molino.

Y me cuestiono: ¿Si no tienen la capacidad para reparar unas simples rejillas, cómo pueden tener el talento para manejar una ciudad? No permitan que veamos monos con tranchetes y reparen, por favor, esas malditas rejillas que le pueden costar la vida a alguien. ¡Por los calzones de los “grillos”! Mi correo es [email protected]

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