13 de Noviembre de 2018

Yucatán

El Ilustrador: Las gracias de algunos trapaleros

Los 'franeleros' o 'viene viene' han convertido en su coto de poder la zona aledaña al hospital Juárez y la SEP.

Los franeleros suelen insultar a los automovilistas que no les dan propina. (SIPSE/Archivo)
Los franeleros suelen insultar a los automovilistas que no les dan propina. (SIPSE/Archivo)
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Sergio Grosjean/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Hace algunos días, mi amiga Diana me escribió con la intención de relatarme una desagradable situación que muchos experimentan alrededor de las oficinas de la Secretaría de Educación del Estado, ubicadas detrás del hospital Juárez.

Resulta que “Dianita la valerosa”, como cada mañana, se dirigió a su trabajo muy contenta tarareando “Limón y Sal” de Julieta Venegas (qué cursi), pero debido a que en su dependencia sólo hay espacios de estacionamiento para los jefes de jefes, tuvo que dar mil y una vueltas a las calles aledañas con la intensión de encontrar un sitio donde pudiera estacionar su deportivo aloque. Pero la situación se complicó, no tanto por los vehículos que habían ocupado lugar antes que ella llegara, sino por un raudal de cachivaches que habían asentado en la vía pública los llamados “trapaleros” o "viene viene", que han hecho de ésta y otras arterias su territorio, su propiedad, y sin que alguna autoridad siquiera los cuestione.

Además, resulta que en más de una ocasión esta amiga ha sido increpada por no darles dinero cuando le “cuidan” su coche durante toda la jornada laboral. Pues así le sucedió, ya que cuando le pidieron marmaja por supuestamente cuidarle su auto, ella les respondió que nunca les había solicitado dicho servicio y, por lo tanto, no estaba obligada a pagarles. Ante tal expresión, el trapalero le respondió que entonces no tenía derecho a ocupar la calle, pues esos lugares estaban reservados para gente que les pagaba, pero independientemente de ese asunto, aunque no quisiera que le cuidaran su coche, tenían que hacerlo, ya que estaba ahí estacionado y, por consiguiente, tenía que verlo y cuidarlo, pues ese era su espacio. 

Es así que existen muchas personas como Dianita que seguramente añoran el día de quitarles sus bloques, sillas o tambores y estacionarse, pero no lo hacen ya que muy posiblemente tomarían represalias en su contra rayándoles el coche o pinchándole una llanta, así que no les queda más remedio que aguantarse y quedarse con las ganas. 

El problema para empleadas como Dianita se complica en días lluviosos, como los de la semana pasada, ya que por más que le busques no encuentras, y si les dices que por favor se apiaden y quiten su "coche-cubeta" para que puedas estacionarte, lo único que consigues es un buen recordatorio de que tienes o tuviste mamá, y es obvio que da miedo decirles algo porque son personas con las que se tienen que cruzar cada día.

Como comenta nuestra amiga, creo que no existe persona en la ciudad que no haya recibido una recordada de madre por no dar la suficiente propina o porque les pareció una miseria. 

Desde nuestro punto de vista, hay que hacer algo al respecto y ponerse del lado de los ciudadanos que no tenemos por qué pagar por estacionarnos en las calles a personas jóvenes y fuertes que podrían buscarse un empleo productivo. También, hay algunos  hombres muy mayores o discapacitados que perjudican y corren peligro de ser atropellados por el propio coche al que supuestamente ayudan a salir o entrar. En este último caso, y desde mi personal punto de vista, puedo entender a estas personas, ya que nadie los contrata y no tienen otra alternativa, pero si de algo estoy seguro, es que estos últimos no son los que ponen sillas o te recuerdan a tu mamacita.

Señores, hay que encontrarle una solución a este asunto pues no podemos seguir simulando que no existe el problema, y si hay que regular y capacitar a esta gente para que esa diligencia se desarrolle como una actividad profesional, hagámoslo ya porque esta dificultad ha crecido a pasos agigantados y de una manera por demás desordenada donde no distinguimos lo obscuro de lo claro. Y el pensamiento de Oña abrevia la situación: “Al fin conviene tanto el orden, que la bondad es mala con desorden”. Mi correo es [email protected] y sigámonos en twiter @sergiogrosjean.

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