26 de Septiembre de 2018

Yucatán

Mérida, pasado y presente: su fundación (1)

El 6 de enero de 1542 'el Mozo' puso los cimientos del dominio español acordando cambiar el nombre de T´hó o Ichcansihó.

Imagen bastante antigua de cómo estaba la Catedral de Mérida, rodeada de hermosos espacios con arbolitos y el enrejado, además de que el Centro Histórico estaba más a todo dar. (Sergio Grosjean/SIPSE)
Imagen bastante antigua de cómo estaba la Catedral de Mérida, rodeada de hermosos espacios con arbolitos y el enrejado, además de que el Centro Histórico estaba más a todo dar. (Sergio Grosjean/SIPSE)
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Sergio Grosjean/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Hace unos días nuestra Mérida cumplió años, y a 474 años de distancia de su fundación, los meridanos enfrentamos varios retos que son imprescindibles superar si queremos vivir en una ciudad en la que se respire armonía. Es por ello que me gustaría viajar por el tiempo hasta posicionarnos en el presente, ya que de esa forma entenderemos el por qué de nuestra realidad actual y hacia dónde nos dirigimos.

La Península de Yucatán fue descubierta accidentalmente durante el naufragio de Valdivia, Guerrero, Aguilar y otros compatriotas en el año de 1511, pero no fue hasta 1517 durante la expedición comandada por Francisco Hernández de Córdoba cuando la corona española tuvo noticias de su existencia; sin embargo, la conquista de su territorio no se inició hasta diez años más tarde bajo la batuta de Francisco de Montejo, el Adelantado, concluyendo dos décadas después a manos de su hijo Francisco de Montejo y León -llamado el Mozo-, quien a la par de su primo de igual nombre fundó la nueva ciudad para que sirviese de capital administrativa de la todavía incipiente colonización, siendo que esta decisión no fue tomada exclusivamente por ambos y de manera fortuita, pues el Adelantado había indicado que la futura capital provincial estuviese ubicada junto o dentro del cacicazgo de los Peches, quienes junto con los Xiues ofrecieron su alianza a los españoles.

Así, el 6 de enero de 1542 el Mozo puso los cimientos del dominio español acordando cambiar el nombre de T´hó o Ichcansihó -“Faz del nacimiento del cielo”, “Lugar de los altos Sihoes”, o “Dentro de cinco cerros”-, como se llamaba la antigua ciudad maya por el de Mérida, en alusión a la antigua ciudad romana de Emérita, ya que las edificaciones de ésta le hicieron recordar las construcciones de la Mérida europea.

Las casas levantadas en el hoy Centro de Mérida eran amplias y con elementos de clara inflencia árabe

A pesar que no fue la primera fundación española en la Península de Yucatán -ya que le precedió el puerto de San Francisco de Campeche-, Mérida constituyó desde sus orígenes la principal plaza estratégica para la conquista del territorio. La nueva sociedad de la recién fundada ciudad de Mérida y sus alrededores estuvo integrada, además de europeos, por indígenas nahoas de la encomienda del Adelantado en Atzcapotzalco y mayas aliados al Mozo, así como parte de los antiguos habitantes de Th´o, quedando los ibéricos en la parte central del nuevo conglomerado urbano. 

El trazo de Mérida se definió 11 meses después de su fundación, implicando una superposición al anterior asentamiento, adoptando forma rectangular que partía de un cuadrado destinado a la plaza mayor -como lo había recomendado la corona española-, siendo que originariamente la ciudad consistió en 25 manzanas y con una ocupación de aproximadamente 70 habitantes no nativos.

En el trazado se definió que a la Iglesia se le cediera la manzana oriente destinándola para la Catedral y el Palacio Episcopal; la manzana norte se le otorgó, una mitad al Gobierno para la construcción de su sede, y la otra al Ayuntamiento. La manzana del sur fue íntegramente entregada a Francisco de Montejo, el Mozo y, por ende, al Adelantado para erigir su residencia; por último, el costado poniente de la plaza estaba ocupado por un enorme montículo prehispánico conocido como Backlunchaam, el cual permanecería por muchos años, hasta que por fin fue demolido en su totalidad en el segundo tercio del siglo XVII.

Las casas erigidas para los nuevos colonos se hicieron pegadas o cerca una de otra por razones de seguridad. Eran amplias, cómodas con paredes gruesas, techos altos y con una distribución interior con una visible influencia árabe: patios cuadrados, aljibe al centro, corredor con sus arcos en tres o cuatro de los lados.

Los antiguos basamentos mayas se comenzaron a demoler y gran parte de los bloques de piedra de las antiguas construcciones precolombinas sirvieron de material para la edificación de la nueva ciudad, tal y como se observa en el presente en algunos edificios restaurados en el Centro Histórico donde se distinguen los añejos bloques de piedra careados por los antiguos mayas. 

Continuará el próximo lunes. 

Mi correo es [email protected] y twitter @sergiogrosjean.

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