16 de Noviembre de 2018

Yucatán

El misterio de las momias de Santa Elena, Yucatán

Bajo el piso de la iglesia de San Mateo se encontraron varios cuerpos momificados que fueron estudiados y preservados por el INAH.

Una de las momias, empacada al alto vacío y con temperatura especial, para su conservación. (Jorge Moreno/SIPSE)
Una de las momias, empacada al alto vacío y con temperatura especial, para su conservación. (Jorge Moreno/SIPSE)
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Jorge Moreno/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Las momias siempre han causado temor a mucha gente, y esto no sólo por el misticismo que las envuelve, sino también por las películas sobre estos seres como las de “El Santo contra las momias” (las de Guanajuato) o la saga de películas de Hollywood “La Momia” (las egipcias) donde reencarnan como zombies y matan a cuanta persona se atraviesa en su camino.

Y ni qué decir del museo de las momias en Guanajuato, donde su apariencia intimida hasta al más valiente.

Yucatán también tiene sus momias, y aunque no son tan terroríficas sí cuentan con una historia interesante y misteriosa, la cual averigüé de primera mano en mi viaje al lugar de los hechos.

Se ubican en el municipio de Santa Elena, cerca de la zona arqueológica de Uxmal (sur del estado) y pueden ser visitadas en un museo que se encuentra en el centro de la población de Santa Elena, a un costado de la iglesia de San Mateo, sitio donde, por cierto, hace poco más de un año lloró la Virgen de los Dolores.

La historia de cómo fueron encontrados estos cuerpos momificados es la siguiente:

En 1980 se realizaron obras para la nivelación y cambio del piso de la iglesia de San Mateo. Mientras se hacía esto fueron encontrados doce pequeños ataúdes, noticia que causó mucha expectación entre los habitantes, ya que incluso una gaceta local dio la noticia con el título “Los enanos de Santa Elena”.

El hecho fue reportado al Centro Regional del Sureste del INAH, efectuándose un reconocimiento en el sitio del hallazgo. Los investigadores a cargo fueron los arqueólogos Peter J. Schmidt, Norberto González y la antropóloga física Lourdes Márquez Morfín.

Cadáveres infantiles

Al analizar los restos, se llegó a la conclusión de que no se trataba de enanos, sino de cadáveres infantiles, los cuales por alguna razón no habían sufrido el proceso de descomposición de algunas partes blandas del cuerpo, preservándose en estado de momificación.

De los 12 ataúdes, tres fueron trasladados al departamento forense de la policía de la ciudad de Mérida. De los nueve restantes sólo fue posible obtener 4, los otros 5 que habían quedado en el bautisterio se enterraron nuevamente bajo el piso del mosaico de la iglesia. Por desgracia, los ataúdes fueron quemados sin que se pudiera registrar algún dato sobre ellos.

Las cuatro restantes, con sus respectivos ataúdes fueron, sujetos a conservación e investigación por el Departamento de Restauración del Centro INAH Yucatán y empacadas al alto vacío, tal y como se conservan actualmente en el museo.

¿Niños alemanes?

Pero ¿quiénes eran esos niños? ¿Por qué fueron enterrados en la iglesia? Hay versiones que señalan que los cadáveres pertenecen a niños de la colonia de alemanes que se instaló en esa población a principios del siglo pasado y, debido a la costumbre de la época, pudieron ser enterrados en el interior de la iglesia. Al parecer, no se hizo un estudio a fondo para descubrir la morfología o raza de los cuerpos, los cuales se pueden ver a través de un cristal en el museo.

Cualquier persona puede ver a las momias todos los días pagando una pequeña cuota de recuperación (quince pesos), además de que podrá ver otras cosas interesantes sobre la historia del municipio de Santa Elena. Y estando ahí, le recomendamos que visite la iglesia de San Mateo y vea el lugar exacto en donde encontraron los 12 ataúdes y justo enfrente también verá a la Virgen de los Dolores, que ha llorado.

Algunas personas del pueblo me comentaron que cuando los del INAH se llevaron los ataúdes a Mérida, en la iglesia empezaron a escucharse ruidos extraños, decían que se trataban de otras momias ahí enterradas que protestaban porque se fueron los otros cuerpos, los cuales podrían ser sus parientes.

Otras personas, que omitieron dar sus nombres por temor a las burlas, dicen que incluso escucharon voces y llantos de niños en ese entonces, pero cuando las momias regresaron al museo, esto cesó por completo.

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