22 de Junio de 2018

Yucatán

El origen del 'Kulcalkín' o sacerdote sin cabeza

Este antiguo personaje fue utilizado por los españoles para evitar que mayas protestaran ante injusticias, so pena de perder la lengua.

En la actualidad, el “sacerdote sin cabeza” es representado con la vestimenta católica. (Jorge Moreno/SIPSE)
En la actualidad, el “sacerdote sin cabeza” es representado con la vestimenta católica. (Jorge Moreno/SIPSE)
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Jorge Moreno/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Es común en estos tiempos escuchar del “jinete sin cabeza”, y más por un par de películas hollywoodenses que salieron hace unos años. En ediciones anteriores hemos hablado ya de la versión yucateca de este caso.

Hoy presentaré una leyenda aún más remota, pero con relación al “Kul Cal Kin” o “sacerdote sin cabeza”.

Respetados sacerdotes mayas

Nos remontamos a la época de los mayas, antes de la llegada de los españoles al Nuevo Mundo.

Los sacerdotes mayas usaban la vestimenta ceremonial en todo momento y eran casi sagrados, mucho más respetados que los sacerdotes actuales de otras religiones, por lo que decir “ahí viene el espanto del sacerdote sin cabeza” era como hacer un sacrilegio si no era verdad y uno no estuviera totalmente seguro, de ahí viene lo importante de estos relatos.

Pues bien, se cuenta que en uno de los montes de Yucatán (podría ser en cualquier municipio de la actualidad) habitado sólo por indígenas mayas, cuya alimentación básica era el maíz y acostumbraban ir de cacería por las noches, como hasta ahora, ocurrió el siguiente caso:

Era una familia integrada por el padre, la madre y cuatro hijos: dos varones y dos niñas, de 12, 10, 8 y  6 años de edad, respectivamente. 

Aquella noche, para abastecerse de carne, padre y madre resolvieron ir de cacería, los niños se quedaron en el 'pacel', bien construido con un techo de palmas de huano, con paredes de bajareque y puertas de bejuco tejido, llamadas xmajanak.

Los padres, antes de salir, conminaron a los niños diciéndoles: “Cierren bien la xmajanak (puerta) y acuéstense a dormir y no hagan ruido, ni se pongan a jugar, conversar o gritar, porque si lo hacen viene el Kulcalkín (sacerdote sin cabeza) y les llevará a su guarida".

Niños y adultos malportados

Cuenta la historia que este ser sin cabeza se lleva a niños traviesos y desobedientes y también los adultos que, con su proceder, alteran el orden: y según la gravedad del pecado, porque en aquel entonces toda desobediencia era considerada pecado, pueden o no regresar, pero si vuelven lo hacen con la lengua cortada para que nunca digan dónde estuvieron.

Los infantes, niños al fin, se pusieron a jugar olvidando las advertencias del padre, y así pasaron las horas, sin que se dieran cuenta que en el horizonte, a la luz de la luna, se dibujaba la figura inconfundible del horripilante Kulcankín, que poco a poco se fue acercando.

Los niños, al darse cuenta de la presencia del sacerdote sin cabeza, el miedo los paralizó y perdieron la noción del tiempo.

Entre tanto, los padres, con mala suerte, no habían cazado nada esa noche, ya en la madrugada decidieron regresar al pacel, y cuál no sería su sorpresa al no encontrar a sus hijos.

Al revisar todos los rincones, vieron unas extrañas pisadas en el polvo, por lo que, presos de pánico, fueron a consultar al mejor xmen sobre esas huellas, las cuales parecían de sandalias como las que usaban los religiosos de esa época.

El xmen ofreció una primicia para que, al término de tres días, si tenían suerte, los niños regresarían solos.

Lenguas cortadas

Al cumplirse ese lapso, efectivamente, volvieron los pequeños, pero mudos, con las lenguas cortadas y muertos de miedo. 

¿Qué les había sucedido? ¿Dónde los habrían llevado? Nadie lo supo, pero el caso fue que vivieron traumatizados, como si estuvieran muertos en vida.

Cuentan que en aquel pueblo de indígenas mayas, cuando surgía entre ellos alguna inconformidad y los moradores protestaban y alteraban el orden, por las noches, en el horizonte aparecía la figura inconfundible del Kulcalkín.

Esa noche, el autor o autores de la protesta desaparecían para siempre y si regresaban, a las 72 horas, llegaban mudos y con las lenguas cortadas.

Así pasaron muchos años, por lo que en aquella población, por temor al sacerdote sin cabeza reinaba la paz, pero era en apariencia, hasta que llegó la mal llamada “Guerra de Castas”, o de exterminio de los mayas por la avaricia de los españoles.

Entonces, esa inconformidad reprimida largamente, estalló y todos se olvidaron del temor que les infundía el “cura sin cabeza” y se lanzaron a la gran lucha de exterminio, que tuvo una duración de 50 años.

Con el paso de los años, esta leyenda continuó, pero poco a poco se distorsionó, es decir, la representación del sacerdote sin cabeza empezó a ser con la vestimenta clásica de los curas católicos.

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