21 de Septiembre de 2018

Opinión

El origen sacro del Templo del Adivino

El origen de las ciudades y los edificios mayas refleja los tres planos cosmogónicos...

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El origen de las ciudades y los edificios mayas refleja los tres planos cosmogónicos. Nuestra existencia depende de un sistema de ritualidades, esto se refuerza con el valor que se atribuye a las cosas y las urbes. Las ciudades tienen su prototipo divino, que es construido por los sacerdotes y que se relaciona con el cielo; es decir, adquieren un modelo celeste donde el entorno es el proveedor de alimentos.

Ciertas urbes tienen un simbolismo en donde los arquetipos celestes constituyen el centro; la montaña sagrada, que se asimila a todo templo o palacio, la ciudad, la residencia real, son el punto de encuentro del cielo con la tierra y el infierno (Mircea Eliade, 1972). Este concepto equivale al supramundo, la tierra y el inframundo: Oxlahuntikú-Yokol Kab-Bolontikú. La montaña sagrada tiene la forma de la techumbre de paja de la casa maya y es la que representa los cuerpos sobrepuestos del Templo del Adivino en Uxmal. Por eso es interesante reafirmar la sacralidad de esta capital maya por medio de la representación del cosmos en el Templo del Adivino.

El valor sagrado de la ciudad se consolida por la representación repetitiva de la Vía Láctea sobre Uxmal, la cual se observa, durante marzo, desplazarse de norte a sur. Mirando el firmamento al norte, la Galaxia toca la constelación de la Osa Mayor, para el maya 7 Guacamaya. Hacia el sur, toca la constelación de Escorpión. Este evento se encuentra representado en la vasija K1226, donde la ceiba es la Vía Láctea, el pájaro posado sobre el árbol es 7 Guacamaya y el escorpión está debajo de la ceiba.

Este acontecimiento celeste sucede en fechas cercanas al Equinoccio de Primavera, justo antes de la llegada de Kukulcán, cuando termina la época de secas y caen las primeras lluvias. Es la constelación de Escorpión la que anuncia la lluvia. La representación de la Vía Láctea la vemos materializada en los sacbés que comunican grupos de edificios o una o varias ciudades. Esta escala monumental y ceremonial del sacbé la representan las escalinatas de las partes más altas del Adivino que de alguna manera permiten el acceso a Oxlahuntikú, morada de los dioses.

En este sentido, las escalinatas del Templo del Adivino abren la entrada al supramundo; el edificio constituye la imagen redondeada de la cubierta de la casa maya que prefigura el cosmos donde ocurre la aparición del gran sacbé que rige el tiempo sagrado, la lluvia, y anuncia la aparición de Kin y Kukulcán en los equinoccios. La periodicidad con la que se repite la creación como acto cosmogónico permite transformar el tiempo cíclico. Los actos de esta ritualidad se manifiestan en las serpientes o los murciélagos de cuya boca emerge un humano, más en el mes de los muertos.

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