18 de Septiembre de 2018

Yucatán

El panteón más embrujado de Yucatán

En el cementerio de Tamchén, en el municipio de Kinchil, entes paranormales 'vigilan' a los visitantes.

El Cementerio General de Mérida es considerado el más arquitectónico de Yucatán por los diseños de sus tumbas y mausoleos. (Jorge Moreno/SIPSE)
El Cementerio General de Mérida es considerado el más arquitectónico de Yucatán por los diseños de sus tumbas y mausoleos. (Jorge Moreno/SIPSE)
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Jorge Moreno/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- En los últimos cuatro meses les he presentado semana a semana en esta sección casos paranormales y extraños que han ocurrido en los cementerios del estado de Yucatán. Hoy, atendiendo una pregunta del lector Jardiel Ricalde Muciño, de la ciudad de Mérida, les hablaré del sitio donde más espantan, al menos a mi juicio.

Para empezar déjeme comentarle amigo lector que el panteón donde ocurren más fenómenos paranormales no es necesariamente el más grande, el más tétrico o el más obscuro. Ni tampoco es el más alejado de la civilización ni es el que tiene las tumbas más tenebrosas. 

Si fuera así, entonces el camposanto más embrujado podría ser el de Xoclan en Mérida (por ser el más grande, con más de 20 mil tumbas), el de Santamaría en Sacalum (por estar a un par de kilómetros monte adentro), el General de Mérida (por tener las tumbas más estéticas y arquitectónicas) o bien el panteón de Eknakán, Cuzamá, (por estar justo frente a los llamados árboles embrujados).

Por el contrario, el que un cementerio sea “bonito” no significa que no pase nada ahí: el panteón de Sinanché tiene la característica de estar rodeado de flores (tanto naturales como artificiales) entre las tumbas y pasillos, y también tiene varias losas de colores y da más la impresión de ser un gran jardín que un cementerio. O el de Hoctún, que dado lo colorido y los diseños de las tumbas y nichos, parece más un lugar hecho por artistas.

Visitas a camposantos

Durante mi carrera en la investigación paranormal he visitado más de 200 camposantos de todo el sureste del país, he dormido en ellos, me he caído en ellos, he desayunado, almorzado y cenado ahí, he realizado rituales de liberación a petición de los familiares de los difuntos, he ido a observar a brujos que van tras huesos para hechizos, he perseguido huay peks y niñas fantasmas y un sinfín de anécdotas más. 

Claro está, también he estado ahí como la “gente normal”, es decir también he enterrado a mi papá, mamá, tíos, primos así como otros familiares, amigos y conocidos que se han adelantado en el camino.

Pero si tuviera que escoger, sin duda el más embrujado para mí es el de Tamchén, comisaría de Kinchil.

Sólo he ido en dos ocasiones, pero fue suficiente para descubrir que no soy muy bienvenido en este lugar. La primera ocasión fue en el año 2007, durante el récord mundial que implanté al visitar “100 panteones en 80 días consecutivos”.

En esa ocasión, tanto mis dos acompañantes como un servidor, desde el inicio notamos que el ambiente de pronto se ponía frío (la temperatura bajó al menos unos 5 grados según el termómetro ambiental) y notábamos que “alguien“ nos observaba, "alguien" que no era precisamente de “carne y hueso”. 

Observados

Mientras hacíamos el recorrido habitual en ese pequeño camposanto, sentíamos claramente la presencia de otras dos entidades más, no había la menor duda. También se aporreaban unas piedras como si se aventaran solas (venían de una pared donde no había nadie) y también sonaban con violencia las láminas que estaban encima de al menos dos tumbas. Un año después regresé y ocurrió exactamente lo mismo. En ningún otro cementerio he sentido lo que viví ahí, quizás sea una o varias almas en pena que permanecen en ese lugar o bien que esporádicamente visitan ese sitio. 

Me enteré que en ese panteón, como en muchos otros, hacen brujería, pero no sé si ese sea el motivo. También me dijeron que ahí estaba enterrado un brujo muy poderoso, que ahí estaban también los cuerpos de cinco personas que habían fusilado durante la guerra de castas y que hace 40 años durante un pleito una persona macheteó y dio muerte ¡a su propio hijo!, que no pudo resguardarse detrás de una de las tumbas pues fue visto por su alcoholizado progenitor y asesino.

La próxima semana continuaremos hablando de estos temas y también las anécdotas que viví al implantar el record de “100 panteones en 80 días”, así como la hazaña que intentaré en el mes de agosto.

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