22 de Septiembre de 2018

Yucatán

Para Salvador Alvarado, comer frijol con puerco era antimexicano

Se decía que para ser maestro rural el único requisito era medio saber leer y lanzar consignas contra el clero.

Salvador Alvarado se rodeó de muchos extranjeros durante su gobierno del Yucatán. (Sergio Grosjean/SIPSE)
Salvador Alvarado se rodeó de muchos extranjeros durante su gobierno del Yucatán. (Sergio Grosjean/SIPSE)
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Sergio Grosjean/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- El panorama con el que se encontró Salvador Alvarado a su llegada a Yucatán con respecto a las haciendas henequeneras era que los peones, en su gran mayoría, vivían prácticamente esclavizados, y de allá que el analfabetismo reinara  en la región.

Y por esa razón decidió impulsar un ambicioso proyecto para implantar cientos de escuelas rurales. Sin duda, la iniciativa de promover la instrucción era excelente, ya que era -y es- la manera más eficiente de engrandecer la nación.

Pero por desgracia, su estrategia no era la mejor, ya que se sabía desde tiempo atrás que las escuelas rurales no eran eficientes, al grado de que el mismo Carranza se opuso a este tipo de colegios frente la legislatura en Coahuila cuando era gobernador, argumentando que era un comprobado error pedagógico.

Mil escuelas rurales

Sin embargo, el general decidió impulsar su proyecto y para lograr el objetivo consolidó alrededor de 1,000 escuelas, posiblemente pensando que el campesino reaccionaría igual que él ante los libros, ya que a pesar de ser hijo de un humilde sastre tintorero fue un hombre culto; autodidacta y lector incansable, apasionado de la política y de allá que estudiara las leyes de países pioneros en materia laboral.

Ordenó para tal fin que se ocuparan edificios religiosos, se adaptaran construcciones y se construyeran aulas, además de obligar a los hacendados a pagar cada centavo a los maestros.  Pero por desgracia, no todo fue de color de rosa, ya que los resultados no fueron tan halagadores debido a un problema medular: los maestros.

El error de Alvarado fue invertir tanto dinero de los hacendados en escuelas rurales y maestros, ya que estos últimos eran unos ilustres analfabetos, de los cuales se decía que muchos ni siquiera podían escribir bien su nombre. 

De acuerdo con críticos de la época, Alvarado pretendió deslumbrar a la nación e incluso al extranjero con el número de escuelas, pero todo parece indicar que poco se detuvo a pensar en la calidad de ellas.

Se cuestionó en su momento que en vez de crear esa cantidad de planteles que no contaban con un método, y más que con método, lógica, se debió haber invertido ese dinero en establecer más escuelas normales para formar maestros. Reza el viejo proverbio: planta un arbolito y ponlo en manos de un ignorante en vez de confiarlo a un horticultor y crecerá torcido. Ya luego, cuando se trasplante, será imposible enderezar sus torcidas ramas.

Propició en los campesinos aversión al trabajo

Y muchos de sus críticos opinaron en su momento que el proyecto fue contraproducente ya que solo se logró crear en los campesinos una aversión al trabajo debido a las prédicas contra los enemigos de la libertad.

Se decía que para ser maestro rural el único requisito era medio saber leer y lanzar consignas contra el clero; y el ser un verdadero pedagogo, culto, paciente, conocedor del medio y metódico, quien debía encargarse de guiar los primero pasos al niño para que este llegue sin prejuicios a la escuela superior no tenía importancia si no eras adulador de Alvarado, como por ejemplo, el pedagogo laico Julián Garma, quien le solicitó permiso al general para abrir una escuela nocturna en Uman y le fue negado.

Por otro lado, cuando Alvarado llega a Yucatán lo hace con el prejuicio de que esta región era separatista y antimexicana, tal vez por los sucesos separatistas acontecidos 70 años antes, o por el movimiento generado por Abel Ortiz Argumedo que concluyó en el saqueo de las arcas. Se dice que su visión era nacionalizar el estado, pero curiosamente, algunos escritos de la época se cuestionaban que era lo que quería nacionalizar; si las costumbres, el carácter o la educación, ya que si comer nuestro tradicional puchero o frijol con puerco, bañarse todos los días con jabón -habiendo frío y/o calor- o hablar maya era separatismo, la situación no tenía ni pies ni cabeza, ya que estos eran simplemente localismos y no significaba que el estado quisiera separarse.

Finalmente, algo de llamarnos la atención es que  Alvarado, a pesar de declararse nacionalista, al tomar el poder en Yucatán se esmeró en colocar en muchos de  los puestos de confianza no a yucatecos, y tampoco a mexicanos,  sino más bien extranjeros, como por ejemplo un hombre de apellido Castellá que fue gerente de la importante compañía de fomento del sureste; el señor Marín fue nombrado gerente de la reguladora en Nueva York y al señor Sangenisse le confió la misma institución en Mérida; Pagés y Loveira fueron los representantes de Yucatán en el extranjero, y quienes por cierto  se paseaban por Estados Unidos a costa del erario como muchos actualmente lo hacen. No ajeno a ello, el director del periódico, órgano y portavoz del gobierno de Alvarado fue el Dr. Guzmán, de nacionalidad venezolana y a quién hubo que importar para tal función. Mi correo es [email protected] y twitter @sergiogrosjean.

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