19 de Septiembre de 2018

Opinión

Enero es un largo domingo

Enero es un largo domingo. Lo ha sido durante casi dos semanas...

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Enero es un largo domingo. Lo ha sido durante casi dos semanas, de no ser por esos días de paréntesis en el puerto de San Felipe. Fueron las casas de madera colorida, la brisa helada en el malecón y los amaneceres grises, junto a los pescadores y los guías de ecoturismo, el umbral hacia el 2018.

El santo se me había presentado con un mar melancólico y un cielo que prometía poco sol, tal vez ese pronóstico del clima, anunciado días antes, era el vaticinio de recuerdos familiares que debo poner en papel.

Hace unas horas me levanté, salí a caminar un poco y regresé a prepararme té matcha. Confío en las cualidades depurativas de esas hojas como esperando que algo salga de mi sangre y eso me diga lo que necesito comprender. Lo ha sido así durante casi dos semanas. Ahora, mientras sostengo la taza con restos del polvito verde, veo a los gatos de siempre saludándome con sus colas, se pasean sobre el techo vecino y frente a mi ventana. Verlos me da cierto consuelo ante la ausencia felina en mi vida, una observación que me permite ver más cosas e intentar darles forma.

Y al girar la cabeza, ahí está la libreta negra sin apuntes, esperando porque al fin me decida a acabar con la blancura de la primera página, que al fin me anime a buscar esa parte de mí que sólo podría racionalizar escribiendo. Pero me niego a escribir una sola palabra que de por hecho que he pasado al lunes. Este mes es un domingo de 31 días.

Antes de regresar a esa libreta –que no me atrevo a nombrar agenda– debo quemar papeles en los que tuvieron lugar expectativas muy caducas. Sólo el 30% se cumplieron, me indican los porcentajes imaginarios en mi cabeza.

Este año no escribiré mis planes, al menos no tan pronto. Tal vez cuando sienta que mi rutina transcurre un lunes, cuando la semana continúe con el orden correcto de los días.

Me pregunto qué habrá pasado con el 70% de expectativas restantes. Lo más normal sería volver a escribirlas si no fuera porque esta vez la libreta negra se las tiene que ver con el pasado, con recuerdos que sólo me visitaban en domingos tan parecidos a un llano sin ocupaciones dónde esconderme.

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