21 de Septiembre de 2018

Yucatán

Hallan la paz tras ser exhumados sus cuerpos en el panteón

Fantasmas de un trágico triángulo amoroso aparecían en una casona hasta que sus restos fueron bendecidos.

Cementerio general de Saltillo, donde fueron desenterrados los cuerpos de la trágica historia. (Jorge Moreno/SIPSE)
Cementerio general de Saltillo, donde fueron desenterrados los cuerpos de la trágica historia. (Jorge Moreno/SIPSE)
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Jorge Moreno/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Rina Montiel, oriunda de Saltillo, Coahuila, pero que radica en Mérida desde hace cinco años por cuestiones de trabajo de su marido, envió un relato muy popular de espantos en el cementerio de su ciudad natal:

Querían vivirlo en carne propia, ver con sus propios ojos lo que se cuenta sobre la vieja casona de la antigua calle del Ciprés, marcada como “La casa de los espantos”, por eso Pascual y un amigo suyo, junto con Blas, el sirviente de éste, aceptaron el reto de pasar una noche en este lugar.

Se armaron de valor y se llevaron la sorpresa de su vida. Esa noche se les apareció la imagen de doña Leonor, quien estaba sentada sobre un escritorio, escribiendo serenamente y a veces meciendo con suavidad la cuna colocada a un costado. Era una mujer joven y hermosa.

Ante los hechos, los tres hombres quedaron perplejos, mudos al ver la mujer, pero el temor creció cuando al aposento entró don Gonzalo.

Indignada, doña Leonor le reclamó al hombre por atreverse a entrar a su cuarto, porque manchaba el honor de una madre y esposa.

No fueron muchas las palabras que cruzaron.

Trágico descenlace

Fue en ese momento cuando entró a la habitación don Pedro, esposo de la bella mujer. Estaba muda, no sabía cómo explicarle que en su habitación había otro hombre.

El dueño de aquella casa no necesitaba más explicaciones, los rumores de devaneos de su esposa y del atrevido don Gonzalo le habían hecho perder los estribos.

Sin vacilar, sacó su espada y comenzó una lucha con don Gonzalo, en cuyo corazón blandió el acero.

Luego corrió hacia la cuna, sacó al bebé y lo hirió tres veces con el arma. Estaba enloquecido.

Doña Leonor, desfallecida por presenciar la muerte de su hijo, también terminó muerta por su esposo. La historia se había consumado y los tres visitantes habían vivido en carne propia el crimen cometido siglos atrás en “La casa de los espantos”.

Vieron descender las escaleras a don Pedro, y siguiéndolo desde el balcón, pudieron contemplar cómo éste desaparecía entre las sombras de la noche.

Exhuman los cadáveres

Al día siguiente, Pascual y su amigo decidieron desenterrar los cuerpos que en la visión de la noche habían asesinado.

Los tres estaban ahí, doña Leonor, don Gonzalo y el bebé. Fueron bendecidos por un sacerdote y sepultados.

En sus manos, doña Leonor tenía la carta que escribía en el momento que fue sorprendida en su habitación por don Gonzalo.

Era el 20 de abril de 1630 y en ella daba aviso a su madre de la situación difícil que vivía al lado de don Pedro, quien la acechaba, y del acoso de don Gonzalo que buscaba cualquier oportunidad para acercarse a ella.

Tras ser desenterrados, Pascual y sus amigos volvieron a pasar varias noches en aquella vieja casona, pero nunca más contemplaron las apariciones que le dieron fama.

La casona está en la calle Nicolás Bravo 120, donde ahora es la sede de la representación estatal del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

La señora Rina finaliza en su escrito que este es un caso paranormal tradicional de su estado natal y que sus relatos favoritos en Enigmas son los relacionados con panteones.

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