18 de Septiembre de 2018

Yucatán

'Lo vi cinco segundos y desapareció'

Un habitante de Mérida cuenta la inolvidable experiencia que tuvo en el camposanto de Timucuy.

Un meridano contó que en el cementerio de Timucuy tuvo un desafortunado encuentro con un fantasma. (Jorge Moreno/SIPSE)
Un meridano contó que en el cementerio de Timucuy tuvo un desafortunado encuentro con un fantasma. (Jorge Moreno/SIPSE)
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Jorge Moreno/Milenio Novedades
MÉRIDA, Yuc.- En días pasados nos reportaron una nueva presencia fantasmal en el cementerio del municipio de Timucuy, y es que, a decir de los testigos, no le encuentran otra explicación lógica a lo que vieron. 

Juan Aguilar Tun, de la ciudad de Mérida, comentó que cada fin de semana viaja a Timucuy a visitar a su familia y a su novia, y desde hace unos meses ya le habían comentado que a las puertas del camposanto veían a un “borrachito fantasma”; le decían así porque al principio pensaban que se trataba de un bebedor consuetudinario que se apostaba a las puertas de este sitio, sin embargo cambiaron de opinión al ver que éste, de pronto, se difuminaba y desaparecía:

“Yo, sinceramente, no creía en lo que me decían, pensé que sólo era para asustarme, ya que a fuerzas siempre tengo que pasar por ahí, pero el sábado pasado (9 de mayo) eran como las ocho de la noche y estaba yendo al centro a comprar la cena y de pronto vi a una persona en la puerta. Lo vi como cinco segundos y ante mis propios ojos apareció un breve destello de luz como si brillara ¡y desapareció!

“Fue un impacto para mí, confirmé que sí era real lo del fantasma, y ahora pasó al revés porque cuando regresé con mi familia y se los dije, fueron ellos los que no me creyeron. Uno de mis tíos, ya en serio, comentó que si no es un fantasma podría ser un hechicero”, finalizó.

Profanaciones

En cuanto a esto último, hay que destacar que el panteón del municipio de Timucuy es uno de los más visitados y no precisamente por los familiares de los difuntos que están enterrados ahí, sino precisamente por brujos, hechiceros y curanderos, tanto de Mérida como de comisarías, que acuden a buscar la famosa “tierra de panteón”, o bien, huesos humanos para realizar ciertos rituales en beneficio de sus “clientes”.

“Desde hace muchos años ocurre esto, hay temporadas en que se intensifica o, por ejemplo, determinados martes y viernes también. Lo hemos reportado a la policía y a veces hasta los han detenido pero por lo general huyen antes, o ya pasa tan seguido que es común y ya ni vienen los uniformados a cubrir el reporte”, afirma un vecino del rumbo que prefiere guardar el anonimato por temor a represalias.

De hecho, esto no es exclusivo de Timucuy, tenemos reportes de muchos otros camposantos en donde los veladores y a veces hasta la policía, deben estar muy pendientes de los saqueadores.

Mario Leal Campos, brujo blanco originario de Mérida, con más de 30 años de dedicarse a esta “labor”, comenta que es frecuente acudir a los cementerios no sólo en busca de estos objetos sino también a hacer oraciones y comunicarse con los espíritus en busca de que les ayuden con los “trabajos” que realizan, ya sea para curar a una persona de una enfermedad o para que tengan fortuna económica o en el amor.

Hay hechiceros que solamente están físicamente en el camposanto y no se llevan nada, hacen oraciones especiales para contactar principalmente a espíritus de antiguos sanadores o curanderos, otros invocan a la santa muerte, o bien, a determinados ídolos específicos (ya sea de magia vudú, africana, cubana u otras).

De entre los que se llevan objetos de los cementerios, estos prefieren la tierra, ya que afirman que está “consagrada”, debido a todos los difuntos que ahí están enterrados, y ahí, sus “trabajos de magia negra” se hacen mejor.

Los más aventurados se llevan huesos de cadáveres o cabello; esto obviamente es un delito, pero se les facilita la labor pues casi nunca tienen que profanar ninguna tumba, ya que es común (y para ciertas familias hasta tradicional) que los huesos de sus difuntos que tienen más de tres años ahí, sean sacados y puestos en nichos que no tienen ninguna protección e incluso a veces están a aire libre, sólo cubiertos brevemente con una sábana blanca.

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