18 de Septiembre de 2018

Yucatán

Almas rondan 'panteón clandestino' en Lepán, Yucatán

De acuerdo con los antiguos pobladores, en ese sitio fueron enterradas al menos 25 personas en una especie de fosa común.

Varias ex haciendas, actualmente derruidas, tienen en sus cimientos tumbas ocultas de cementerios clandestinos. (Jorge Moreno/SIPSE)
Varias ex haciendas, actualmente derruidas, tienen en sus cimientos tumbas ocultas de cementerios clandestinos. (Jorge Moreno/SIPSE)
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Jorge Moreno/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- El estado de Yucatán cuenta con 106 municipios y más de 700 comisarías, subcomisarías y pequeñas poblaciones denominadas haciendas o exhaciendas, muchas de las cuales, sus cascos (así se le llama al área cerrada donde se ubica la casa principal, la casa de máquinas, la zona de secado, la capilla y los corrales) se encuentran abandonadas o en ruinas, en la actualidad.

En la época del auge henequenero muchos de esos sitios tenían sus propios cementerios o panteones, donde se enterraban a familiares, peones y demás empleados, pues, hay que recordar que en el siglo antepasado y a principios del pasado, la expectativa de vida era mucho menor que la de ahora, además de que abundaban las epidemias.

El contexto viene a relación con la historia que presento hoy: apariciones fantasmales de difuntos que fueron enterrados en una especie de panteón clandestino en la ex hacienda de Lepán (Tecoh), y que a juicio de los testigos, sus almas en pena, hasta la fecha, deambulan por los alrededores.

La ex hacienda de Lepán se ubica a poco más de 35 kilómetros de Mérida, sobre la carretera del Mundo Maya (que va hacia Chetumal) o en la también conocida Ruta de los Conventos. A ese sitio ya habíamos acudido anteriormente a investigar las apariciones de un huay (brujo), de un joven que murió ahogado en un cenote y de un niño que falleció de la misma forma, pero en una piscina.

Sin embargo, me enteré de una nueva historia sobre ese sitio, ya que ahí se encuentran vestigios de un panteón clandestino que se hizo monte adentro, y donde se enterraban a las personas que no eran “dignas”; recordemos que en ese entonces, las clases sociales estaban muy marcadas y aún existía la esclavitud.

Era una fosa común

De acuerdo con los antiguos pobladores, en ese sitio fueron enterradas al menos 25 personas en una especie de fosa común; eran mayormente peones que no tenían familia cercana o gente foránea que pedía trabajo y se quedaba a radicar ahí.

También se afirmaba que, cuando habían pleitos o se atrapaba a algún ladrón o criminal, lo asesinaban (una especie de “ley del talión”) y era enterrado en ese sitio.

Pero con el transcurso de los años esto se dejó de hacer, las marcas de las cruces se fueron cayendo, o las fueron robando y la naturaleza se encargó del resto al cubrirlo de hierba y maleza, lo que ha evitado ubicar el sitio exacto, y aunque hay quienes sí saben dónde está, no se atreven a desenterrarlo.

Afirman que por las noches han visto deambular las almas en pena de los difuntos, dicen que a lo mejor algunos buscan venganza y que si se desentierran los huesos sería como estarlos profanando y podría desencadenar en algo peor.

Este es el motivo por el cual, si vas a Lepán, es difícil que la gente hable abiertamente del tema, pues además esa época no fue muy buena ni de gratos recuerdos para muchos. 

Sin vestigios

Cuando intenté buscar el sitio exacto no encontré algún vestigio contundente, la única forma de saberlo sería cavando, pero por respeto decidimos dejarlo así y quedarnos con las historias de terror que cuentan los lugareños.

A uno de los espantos provienetes del panteón clandestino le apodan “el peón”, pues lo ven vestido de blanco, a la antigua usanza de los humildes empleados de esa época; a otro le dicen “el catrín” pues está vestido con traje y bombín y dicen que lo asesinó el capataz de la hacienda porque era un foráneo que llegó con la idea de estafar y robar al dueño, pero fue descubierto y no se anduvieron con rodeos, lo asesinaron. Así era la ley en esas épocas.

“La Adelita”, “el niño pobre” y “la niña de las colitas” son otras de las manifestaciones paranormales que se han visto desde hace años en ese sitio, del cual –repetimos- ya casi nadie quiere hablar.

Agradezco a don Antonio Padrón, al antropólogo Luis Marbello y al historiador Manuel Loría por proporcionarme esta información y que me hayan llevado al sitio de los hechos.

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