24 de Septiembre de 2018

Yucatán

Resuelven misterio de casona 'embrujada'

Los habitantes de la enorme casa veían el rostro del alma en pena de la joven de color negro y con una túnica.

Los gritos que se escuchaban en una casona abandonada cesaron después de que se colocó un altar. (Foto de archivo de Jorge Moreno)
Los gritos que se escuchaban en una casona abandonada cesaron después de que se colocó un altar. (Foto de archivo de Jorge Moreno)
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Jorge Moreno/Milenio Novedades
MÉRIDA, Yuc.- En ocasiones me llaman para investigar ciertos ruidos extraños que escuchan en su interior los nuevos inquilinos de casas que recién están rentando o comprando; sin embargo, muchas veces hay explicación lógica a todo esto, ya que las paredes pueden guardar sonidos que fueron muy repetitivos, sobre todo cuando se trata de casonas antiguas de mampostería.

Hace un tiempo me llamó la señora Martha Solís de Alonzo para informarme que ocurrían ciertos fenómenos paranormales en su domicilio. Me habló a petición de sus nietos, pues ella confesaba que no creía en nada de eso, aunque le constaba que sí se escuchaban ruidos extraños en esa casa.

Según la señora, desde un mes atrás, escuchaban llantos y lamentos de una mujer y sonidos de monedas cayendo al piso; esto ocurría casi siempre a la misma hora (entre 7 y 8 de la noche), por lo que varios miembros de su familia lo habían escuchado e incluso grabado en cinta de audio, y pude escuchar una de las grabaciones y confirmarlo; sin embargo, cabía la posibilidad de que accidental o intencionalmente hubieran dejado caer unas monedas.

La raya

Tras hacer nuevas grabaciones, y confirmar lo que me habían dicho, escuché que tras el lamento se escuchaba una extraña palabra, “laralla”, que por más que busqué no le encontré ningún significado.

Una semana después pude deducir que se refería a “la raya”. “Raya” se le decía antiguamente al pago de los trabajadores, incluso hasta hoy hay quienes usan ese termino. Y asumí que a eso se refería porque tras el lamento se escuchaba el sonido de monedas cayendo al suelo. 

Además, tras investigar con los vecinos y en el registro público acerca de los anteriores dueños de la casona, me enteré que unos cincuenta años atrás casi toda la manzana fue una fábrica, que cerró tras un incendio que acabó con toda maquinaria e insumos, por lo que los dueños decidieron instalarse en otro lugar. Poco después, el lote se fraccionó y se construyeron casas, una de las cuales es el motivo de la investigación.

Por fortuna pude localizar a uno de los antiguos trabajadores de esa fábrica, pues vive a dos cuadras de ahí y fue testigo de ese incendio en el que murieron dos personas. Don Cosmé, de 76 años de edad, me comentó que era el intendente de la fábrica y que recuerda muy bien el accidente.

“Sí, cómo no me voy a acordar, se quemaron muchas cosas de la fábrica y lo que más me dolió es que luego nos liquidaron a todos, los jefes ya no quisieron volver a restaurarla. Luego supimos que abrieron en un lugar mucho más grande y contrataron sólo a nuevo personal”.

Las víctimas fatales

Cuestionando sobre las personas que habían fallecido, don Cosme recordó que fue un empleado de seguridad y la cajera encargada de pagarle a los trabajadores, una muchacha que según recordó se llamaba Carmela y era sobrina de uno de los dueños. Dijo que ese día era el día de pago y que hasta el dinero se quemó, aunque dicen las malas lenguas que el incendio fue provocado por los dueños para cobrar una especie de seguro, pero con lo que no contaban era con el fallecimiento de Carmela, por lo que del remordimiento prefirieron irse de ahí.

“Cuando ayudamos a limpiar todo, vimos muchas monedas quemadas tiradas en el área de la oficina, quien sabe cuánto dinero se habrá quemado”, afirmó don Cosme.

Luego de esta entrevista una parte del misterio parecía esclarecerse, ¿eran los lamentos y voces de esa muchacha muerta en el incendio lo que se escuchaba en la casa?

Habían muchas coincidencias que no daban lugar a dudas, quizás gritaba por el dinero de “la raya” que se quemaba, al mismo tiempo que ella o a lo mejor siendo buena empleada lamentaba desde el más allá que se hubiera quemado el sueldo de los empleados.

Lo más sorprendente fue que tras conseguir un croquis de la fábrica y con los testimonios de tres de los testigos en esa época que aún viven, la casa actual estaba construida justo en el área de oficinas donde murió la muchacha.

Doña Martha, quien decía no sentir miedo por esos lamentos no quería más que ayudar a ese espíritu, por lo que le sugerí ponerle una veladora al cuarto de donde provenían los lamentos y varias monedas antiguas que aún conservaba en una especie de altar. 

Tras casi un mes de que se habían estado escuchando los lamentos, éstos cesaron de inmediato tras poner el pequeño altar, a más de 50 años, el espíritu de la pobre muchacha al fin parecer ya descansa en paz.

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