21 de Septiembre de 2018

Yucatán

El 'bebé fantasma' del Cementerio General

A los oídos de don Manuel Avilés llegó la historia de la trágica muerte de un pequeño, cuya tumba era visitada por el espíritu del padre.

El cementerio General de Mérida guarda entre sus paredes muchas historias de misterio. (Archivo/SIPSE)
El cementerio General de Mérida guarda entre sus paredes muchas historias de misterio. (Archivo/SIPSE)
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Jorge Moreno/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Hace unos días, la lectora Mirna Herrera Chay, de la ciudad de Mérida, me comentó que escuchó una historia sobre un “bebé fantasma” que ronda en el Panteón General de esta ciudad; al parecer se trata de un caso que desde hace años se cuenta en ese sitio.

Y es que el Cementerio General de Mérida es uno de los más antiguos y grandes de todo el estado y la península en general, y por simple lógica es de suponer que hay muchas historias paranormales. 

Hace un tiempo entrevisté al señor Manuel Avilés Farfán, quien es nieto de uno de los antiguos veladores de este panteón y cuando era un niño le contaba las historias que ahí pasaban, de hecho uno de esos casos es al parecer la misma historia del “bebé fantasma”:

“Desde niño siempre me han gustado las historias de espanto, y a veces escuchaba las historias extrañas que ocurrían en el cementerio que le contaba mi abuelo a mi abuela y mis papás, ya que vivíamos en la misma casa, en ese entonces yo tenía 12 años de edad (actualmente tiene 45) y recuerdo muy bien lo que ahí pasaba”, dijo.

“Una de las historias que más me impactaron fue cuando mi abuelo contó que en una ocasión enterraron a un bebé como de dos años de edad, por desgracia lo descuidaron sus papás y se cayó a una piscina, y durante el entierro ambos no paraban de llorar ante la tragedia ya que se sentían culpables, pues por varias semanas ellos venían a diario al panteón y se quedaban hasta 10 horas llorando y hablándole al pequeño en su tumba”.

“Lo raro vino poco después ya que cuando le tocaba a mi abuelo quedarse tarde veía al papá del bebé junto a la tumba y como ya tenía que cerrar cuando se acercaba a decirle empezaba a caminar hasta el extremo opuesto hasta perderlo”.

“Esto pasó por dos semanas más o menos siempre por las noches, hasta que un día vio que llegó la esposa y cuando estaba junto a la tumba de su hijo el velador se acercó para comentarle que su marido iba por las noches, a lo que la mujer sorprendida le dijo que eso no podía ser ya que dos semanas antes su marido por la pena de la tragedia se había suicidado y lo habían enterrado en su natal Campeche”.

“Mi abuelo nos cuenta que eso lo impactó mucho ya que no cree que la señora le hubiera mentido en algo tan serio, por lo tanto a quien veía por las tardes y noches era al alma en pena del papá del niño que lo venía a visitar”.

La procesión y el perro

“Otra cosa que contaba mi abuelo y que me llamó la atención es que una vez para la época de finados vio a la llamada procesión de las ánimas, ya que de pronto vio a unas 10 personas en el interior del cementerio, todas vestidas de blanco con batones y unas capuchas que les cubrían el rostro y cargando unas veladoras, iban en fila india, pero aunque al principio pensaba que eran intrusos que se colaban, al momento de intentar acercarse estos se iban difuminando hasta desaparecer”.

“Mi abuelo agrega que sus compañeros le sugirieron que cuando viera esto mejor no se acercara ya que podía ocurrirle una tragedia ya que se sabe que podrían matarlo y él convertirse en parte de esa procesión”.

La tercera historia que nos contó nuestro entrevistado fue sobre un perrito, ya que él piensa que estos pueden ver el alma en pena de sus dueños cuando mueren:

“Mi abuelo contaba que una vez murió un señor y en el entierro, los familiares le llevaron a su mascota el cual era un perro (no recordó la raza) el cual de pronto al día siguiente apareció ahí junto a la tumba (al parecer el difunto vivía a pocas cuadras del panteón), y por horas se quedaba ahí, hasta que llegaban los familiares a buscarlo y llevárselo”.

“Varias veces así lo hizo, dice mi abuelo que a él le tocó ver al perrito cuando de pronto junto a la tumba empezaba a mover su cola y tirarse boca abajo como si alguien lo estuviera acariciando y decía que sólo de verlo se erizaba ya que pensaba que a lo mejor desde el más allá su dueño le estaba haciendo cariños, por eso el siempre decía que creía en que muchos animales eran capaces de ver a las ánimas”, concluyó.

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