23 de Septiembre de 2018

Yucatán

Personas que regresaron de la muerte

Llaman la atención sobre todo un caso ocurrido en Ixil y otro en Sinanché, hace ya más de 30 años ambos.

Los casos de 'enterrados vivos' no siempre tienen una explicación médica o lógica. (Jorge Moreno/SIPSE)
Los casos de 'enterrados vivos' no siempre tienen una explicación médica o lógica. (Jorge Moreno/SIPSE)
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Jorge Moreno/Milenio Novedades
MÉRIDA, Yuc.- El fin de semana pasado me platicaron de un caso ocurrido en el pueblo de Temozón, donde hace unos 30 años, una persona que falleció golpeó su ataúd tres veces como si se negara a ser enterrado.

Fueron tan claros los golpes que incluso detuvieron el descenso del féretro al “hueco” y procedieron a abrir el ataúd para constatar que en verdad estaba muerta la persona que pretendían enterrar; algunos familiares y conocidos señalaron que esos golpes también se escucharon durante el velorio y uno de los presentes, quien era médico, se sorprendió y dijo que no había explicación lógica.

Un par de casos similares ocurrieron hace varios años, en los municipios de Ixil y Sinanché, los cuales no tienen precisamente en la “catalepsia” la respuesta al misterio; júzguelos usted mismo.

El caso de Ixil en 1982

El Sr. Romeo Tah Bonilla falleció atropellado en la vera de la carretera, tenía 53 años y tras el levantamiento del cadáver por parte de las autoridades se procedió a la entrega del cuerpo a los familiares para el velorio.

A pesar de la forma en que murió, no tuvo muchos golpes o heridas expuestas, más bien moretones; 24 horas después, cuando se iba a proceder con el entierro, varios golpes a la caja pusieron en alerta a los enterradores y a la gente que ahí se encontraba, abrieron la caja, y el Sr. Tah tenía los ojos abiertos, movía las manos y aseguran los testigos que alcanzó a gritar: “¡Detente!”.

Instantes después quedó inmóvil nuevamente y ya jamás volvió a la vida, pero fueron aproximadamente 3 minutos en que se movió y regresó de la muerte, como dijeron muchos.

No faltó quienes corrieran despavoridos, pero al ir a llamar al doctor del pueblo, éste certificó que sí estaba muerto, aunque reconoció que no estaba como lo había visto varias horas antes. Este misterio nunca se aclaró, pues no se trataba de un caso típico de catalepsia, pues cuando esto sucede y regresa, no se “muere” a los 3 minutos, además de que las heridas internas cuando lo atropellaron fueron la causa comprobada de su extraña muerte.

Este caso fue contado por don Braulio Tah Pech, pariente del difunto y asegura que dejó “cimbrado” a todo el pueblo.

El caso de Sinanché de 1978

A diferencia del caso anterior, Gumersindo Can Aké era un brujo que desde joven habría practicado la magia negra; se decía que nunca comía, que no lo necesitaba y nunca nadie lo vio comiendo, comprando algo o cazando a pesar de que vivía en el pueblo.

A la edad aproximada de 72 años falleció por causas desconocidas pero como no tenía familiares, todos se enteraron cuando empezaban a despedirse fétidos olores de su casa; al entrar, varias personas vieron el cuerpo en estado de descomposición y procedieron a llamar a las autoridades para el entierro; en lo que llegaban, vieron con asombro que el “cadáver” movió con dificultad la boca para decir: “Que me entierren en Dzilam Bravo”...

Nuestro entrevistado, Luis Oy Tun, asegura que él estuvo presente en esa ocasión y fue testigo directo.

“Yo vi el cuerpo cuando se abrió la puerta, estaba podrido, apestaba, estaba más muerto que una momia, y también vi cómo se movió su boca para decir que lo enterraran en Dzilam Bravo, lo dijo dos veces; esto también lo escuchó el sacerdote del pueblo, eso fue lo que más credibilidad dio, que lo escuchó el Padre, quien se persignó y asustó, pues cuando llegó el doctor certificó que en efecto el brujo había muerto mínimo dos días antes, por lo que era imposible que estuviera vivo como para hablar.

“Un prueba contundente, que nos dejó más impactados fue que se averiguó que en Dzilam Bravo vivía una hija suya y su ex esposa, eso no lo sabíamos ni el Padre ni las otras tres personas que estaban allí, y mucho menos yo”.

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