24 de Septiembre de 2018

Yucatán

'K’ak’asbal', temible dios de los montes de Yucatán

El dueño y señor de los montes tanto cuida como destruye árboles y animales silvestres; los mayas le temen porque saben lo peligroso que puede ser.

Muchos misterios encierran los montes de la Península de Yucatán, como el “K'ak 'asbal”, espíritu capaz de matar a cuanto ser humano que se le cruce en el camino. (Jorge Moreno/SIPSE)
Muchos misterios encierran los montes de la Península de Yucatán, como el “K'ak 'asbal”, espíritu capaz de matar a cuanto ser humano que se le cruce en el camino. (Jorge Moreno/SIPSE)
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Jorge Moreno/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Hace unos días estuve en el municipio de Chemax y unos campesinos me contaron sus experiencias con el “dios de los montes” o 'k’ak’asbal', a quien le temen y al mismo tiempo respetan, ya que saben de su peligrosidad.

Su nombre en maya es k’ak’asbal, y traducido se le conoce como “dueño y señor de los montes y planteles”. Este “espíritu” se encarga de cuidar y destruir a los árboles y animales silvestres.

Los campesinos lo consideran un destructor por naturaleza, cuando está enojado forma fuertes remolinos, levantando todo o que esté a su paso, es un fenómeno que nada puede controlar. Los hombres del campo le temen y lo respetan, dicen que su furia se vuelve incontrolable al mediodía, cuando el sol quema como brasa caliente.

Los chapeadores o cortadores de henequén muy de mañana se van al trabajo para retornar a sus casas antes del mediodía, pues no les gustaría toparse con la furia del k’ak’asbal, porque es capaz de matarlos.

Los meses en que más se enoja es entre marzo y mayo, cuando se desatan las quemas forestales, es la época en que desata todo su coraje, su soplido se vuelve hirviente y no busca quién se la hizo si no quién se la pague.

Muchas veces el k’ak’asbal no encuentra a nadie a su paso, ni a animales ni seres humanos, entonces se desquita con los árboles y plantas de henequén, los rompe como si fueran de papel y los arranca desde sus raíces, sólo se tranquiliza cuando entra la brisa de la tarde.

Los x’men (brujos blancos) lo consideran un loco sin remedio, no se sabe cuándo se va a enojar o cuando está contento, pues a veces hasta en temporada de lluvias hace de las suyas.

Cuando tiene su ataque de locura manda vientos cruzados, y si alguna persona tiene la mala suerte de cruzarse en su camino, lo levanta como muñeco de trapo, juega con él y por último lo azota contra las rocas o el suelo hasta matarlo.

Cuida y protege a los niños

Los x’men dicen que si un niño se pierde por accidente en el monte y se topa con el viento cruzado no le hace daño, lo encierra en un túnel del tiempo, lo alimenta, le da sabiduría, le enseña los secretos de las plantas medicinales hasta convertirlo en buen curandero. Le da a escoger entre el bien y el mal, si el niño escoge el bien lo regresa a base de un intercambio con un brujo blanco, pero si decidió por el mal, se queda para siempre en la dimensión desconocida.

Algunos campesinos describen al kak’asbal como un ente terrorífico, aseguran haberlo visto parado en el camino, no saben si es un hombre o es un mono gigante, sólo saben que está lleno de pelos y que de sus ojos salen bolas de fuego.

Hay muchas versiones que dicen del temible k’ak’asbal que sale de la tierra, también se dice que vive en los cenotes. Pero nadie puede asegurar de dónde proviene porque siempre será un misterio.

Los campesinos de Chemax me comentaron que lo han visto en al menos dos o tres ocasiones pero han logrado sobrevivir porque han sido muy precavidos y sobre todo respetuosos, a diferencia de otras personas que se meten al monte como si fuera un juego y haciendo lo que les da la gana, incluso insultando, algo que a juicio de ellos no se debe hacer.

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