23 de Septiembre de 2018

Yucatán

Fantasmas que se cambian de panteón…

El espectro de un hacendado que fue enterrado en un cementerio ahora abandonado de Sacalum, se manifiesta en el nuevo panteón del poblado.

Vecinos afirman que el árbol que está a la entrada del panteón de Sacalum se movió cuando desapareció el alma en pena de un hacendado que ronda el cementerio. (Jorge Moreno/SIPSE)
Vecinos afirman que el árbol que está a la entrada del panteón de Sacalum se movió cuando desapareció el alma en pena de un hacendado que ronda el cementerio. (Jorge Moreno/SIPSE)
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Jorge Moreno/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Un caso muy interesante se cuenta en el municipio de Sacalum (ubicado al sur de Yucatán, muy cerca de Ticul), ya que al parecer las almas en pena se han trasladado de un cementerio a otro.

Cuando viajamos a este municipio para realizar la investigación, los lugareños nos hablaron de que en el monte del poblado existió un panteón abandonado, el cual era conocido como “Santamaría” y desde hacía muchos años había sido cerrado, toda vez que se había llenado y ya se había construido el actual cementerio municipal, el cual se ubica a la salida de Sacalum rumbo a Mucuyché.

Montamos una expedición para conocer el “Santamaría”, el cual está unos cientos de metros monte adentro y al llegar, si uno no supiera la historia, jamás pensaría que ese sitio fue un cementerio, ya que las cruces y criptas ya no se distinguen, muchas se quitaron y otras quedaron enterradas.

Sólo queda un antiguo arco que funge como entrada y un pastizal, desde donde entra el ganado; sin embargo nos enteramos que por mucho tiempo funcionó como cementerio hasta que quedó rebasado debido a una epidemia de peste negra.

Lo interesante del asunto es que en aquel entonces se decía que deambulaba el alma en pena de un hacendado ticuleño que fue enterrado ahí y que tiempo después empezó a manifestarse ni más ni menos que en el nuevo cementerio.

Murió en la soledad

Según cuentan, esta persona había nacido en Ticul, pero sus padres era sacalumenses, por ese motivo cuando murió (vivía sólo ya que su esposa lo había abandonado junto con sus hijos) sus parientes decidieron llevarlo a la tierra natal de sus padres.

Había fallecido relativamente joven, menos de 40 años, debido a una afección cardiaca, pero al poco tiempo de haber sido enterrado en el “Santamaría”, algunas personas que viajaban a diario por ahí afirmaban ver el fantasma de este señor,
ya que en vida siempre había tenido la peculiaridad de andar con un pañuelo rojo en el cuello y así lo veían rondando el panteón.

Lo curioso del asunto es que cuando se cierra el panteón “Santamaría”, se afirma que algunas familias trasladaron a sus difuntos al panteón municipal, pero no los del hacendado ticuleño. Sin embargo, al poco tiempo, empiezan a ver en la entrada del nuevo cementerio a una persona con un pañuelo rojo en el cuello en el interior de
este sitio; algunos valientes incluso se acercaban y se daban cuenta que el panteón estaba cerrado.

Pensando que era un intruso o un forastero que quería robar o profanar las tumbas, montaron guardia y pocos días después lo descubrieron entrando al panteón, por lo que entraron machete en mano para atraparlo con las manos en la masa.

Para sorpresa de todos, justo cuando lo ven, el intruso desaparece entre las tumbas como si se lo hubiera tragado la tierra y de inmediato se siente un fuerte viento huracanado que hace que, incluso, un gran árbol se mueva bastante, por lo que todos salen corriendo y huyen despavoridos.

Unos dijeron que fue un mal viento, otros que era el alma en pena del capataz, lo que es un hecho es que a lo mejor éste prefirió estar en el nuevo panteón y no en el antiguo “Santamaría”.

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