18 de Octubre de 2018

Yucatán

De Alemania a Yucatán: Aparecidos y desaparecidos

Tras el caso de 'Alex', el niño de Tetiz que hace años desapareció, traemos la historia de Kaspar Hausser, un joven que apareció de la nada en Alemania.

Monumento en memoria de Kaspar Hausser, el llamado 'hombre sin identidad'. (Jorge Moreno/SIPSE)
Monumento en memoria de Kaspar Hausser, el llamado 'hombre sin identidad'. (Jorge Moreno/SIPSE)
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Jorge Moreno/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Hace un tiempo hablamos del caso de “Alex”, el niño de Tetiz que hace años desapareció y nunca se encontró su rastro, a pesar que de inmediato intervinieron más de 150 personas en su búsqueda, entre soldados, policías estatales, municipales, rescatistas, scouts, voluntarios, etc.

Hoy, a petición de los lectores meridanos Nuria Baas y Carlos Dorantes les presento un caso “contrario”, es decir, el de una persona que apareció misteriosamente sin que nadie supiera su origen.

Me refiero a Kaspar Hausser, uno de los casos más estudiados de la historia, en donde ni la policía ni los investigadores pudieron aclarar el misterio.

La figura de Kaspar Hausser es controvertida tanto por la forma en que se dio a conocer en Alemania en 1828 y de su forma de comportarse más tarde, como por su asesinato y las supuestas causas. 

Nadie conocía a Kaspar Hausser ni se sabía nada de él cuando, el 26 de mayo de 1828, apareció agotado en una calle de Nuremberg. Era un adolescente asustado y temeroso, que sólo sabía gruñir. En sus manos llevaba un sobre dirigido al capitán Wessnich, oficial del VI Regimiento de Caballería de guarnición en la ciudad.

Importante información 

Llevado el extraño muchacho al cuartel, Wessnich comprobó que la carta incluía las notas del misterioso personaje que lo había abandonado en la ciudad y de la madre del niño. Supo el oficial que el muchacho se llamaba Kaspar Hausser y que había nacido el 30 de abril de 1812; también que el 7 de octubre de ese mismo año la desconocida madre lo había dejado al cuidado del también desconocido campesino con el encargo de llevarlo, cuando cumpliese diecisiete años, a ese cuartel donde había servido su padre, quien -decía la madre- ya había muerto. 

Ante la imposibilidad de hacerle hablar, el capitán condujo al muchacho a la policía de Nuremberg, donde el comisario llamó a un médico y al alcalde de la ciudad. El muchacho, aunque podía escribir con dificultad su propio nombre, parecía ignorar todo acerca de lo que veía y oía, dando muestra de gran asombro o de temor ante las cosas más cotidianas como el fuego o la música.

Aunque parecía no saber hablar, en las semanas siguientes Hausser empezó a pronunciar algunas palabras y dar muestras de un progreso sorprendentemente rápido. El médico, el alcalde y otros funcionarios se preguntaban si era un enfermo mental, un impostor o la víctima de un horrible secuestro.

El muchacho demostró inteligencia y capacidad de aprendizaje. Aunque sabía escribir al menos su nombre, no dejó de causar asombro que al principio sólo se expresara con sonidos guturales y gritos. También resultó asombroso que, al cabo de unas pocas semanas, vocalizara algunas palabras y que sobre todo fuese capaz de contar algunos detalles de su pasado.

Kaspar Hausser recordó que había vivido mucho tiempo en una habitación oscura, probablemente un sótano, de suelo de tierra, y durmiendo sobre un montón de paja. Su pobre alimento era dado durante la noche sin que pudiera ver nunca a sus captores. Kaspar Hausser pudo contar que no hacía mucho había entrado a su prisión un hombre vestido de negro y con el rostro cubierto por una máscara, quien lo enseñó a caminar y escribir su nombre. 

Cuando se disiparon las dudas sobre su posible impostura, el alcalde de Nuremberg, Binder, tomó partido público por el muchacho, exigiendo a otras instancias que investigaran sobre el caso con el fin de aclarar el misterio de su origen y los responsables.

Asesinado a cuchillo

En diciembre de 1833, Kaspar Hausser fue apuñalado por un desconocido mientras paseaba por un parque de la ciudad alemana de Ansbach. Poco antes, Estefanía de Beauharnais, viuda del gran duque Carlos de Badén, había reconocido al misterioso joven que se hacía llamar Kaspar Hausser como uno de los hijos de Carlos Badén, que supuestamente murieron y desaparecieron a poco de nacer.

Tanto el brutal asesinato como el desconocimiento de su autor y del móvil, amén de la súbita aparición del misterioso joven, cinco años antes en una calle de Nuremberg, con una carta como única credencial, han alimentado las más diversas conjeturas sobre la identidad y condición de Kaspar Hausser.

Nunca se supo a ciencia cierta si fue el hijo de Estefanía y del duque, pero causó mucha conmoción su llegada a Alemania y todo lo que rodeó su vida.

Así como este caso, ha habido algunos más a lo largo de la historia, pero no tan famosos como éste.

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