15 de Octubre de 2018

Yucatán

Por miedo a limosnera bruja los niños de Temax se portaban bien

Durante el tiempo que la temida 'Catrina' rondó la población hasta los borrachitos dejaban de tomar, pero cuando se fue, el pueblo volvió a ser un desastre.

“Juana la Catrina” era vista al mismo tiempo en varios sitios de Temax, como la iglesia, el parque principal y rondando las calles aledañas. (Jorge Moreno/SIPSE)
“Juana la Catrina” era vista al mismo tiempo en varios sitios de Temax, como la iglesia, el parque principal y rondando las calles aledañas. (Jorge Moreno/SIPSE)
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Jorge Moreno/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Hoy hablaré de una leyenda que ocurrió a mediados del siglo pasado en el municipio de Temax (ubicado a 70 kilómetros de Mérida, sobre la carretera a Tizimín) y que aún recuerdan varios pobladores. De hecho, en mi más reciente visita a esta población, varios lectores me pidieron que hablara sobre ella. Me refiero a “Juana La Catrina”.

Era una poderosa bruja, la cual decían era perversa e incluso en varias ocasiones fue motivo para que las autoridades declararan “toque de queda” en todo el municipio y de alerta en poblaciones cercanas.

En esa época, recuerdan los temaxeños, todos los niños del pueblo se dormían temprano, hacían completa su tarea y se portaban muy bien por el temor que les inspiraba ese ser horroroso y terrible que con su sabucán recorría a diario las calles del poblado, buscando niños o cualquier animal o cosa de valor para llevarse.

Era tan impresionante esta mujer que inclusive los adolescentes trasnochadores se refugiaban temprano en sus casas para no toparse con ella, pues aunque al principio varios pensaban que esto no era real, al momento de comprobarlo decidieron pararle a sus desveladas por temor a morir en manos de ella.

Peligrosa limosnera

“Juana La Catrina” entraba al pueblo como limosnera, pero la gente no se tragaba ese cuento, porque su avanzada edad, su rostro surcado de arrugas, su ropa vieja y sucia, sus cabellos enmarañados y su insistencia en acercarse a las casas para solicitar ayuda, llevaban a todos a verla como una bruja desinhibida y calculadora, dispuesta a robarse lo que fuera en el primer descuido y a realizar cualquier maldad.

Por esa razón, al verla venir los niños la apedreaban, pero cuando se encontraba cerca corrían aterrorizados a refugiarse en sus casas, donde cerraban puertas y ventanas asegurándolas con cuanta tranca y pasador tuvieran. Luego, para poder sentirse tranquilos, la espiaban por las rendijas hasta que se alejaba.

Se decía que “Juana La Catrina” estaba por todos lados a la vez, por el parque, por la iglesia, por la salida del pueblo o por las calles del centro. Y se rumoraba que en una ocasión se robó a un niño, pero lo devolvió un rato después porque se acababa de comer a dos chamacos en otro pueblo y estando tan llena no pudo cargar al tercero hasta Dzoncahuich, lugar de donde procedía, situado a escasos kilómetros.

Siendo tanta su maldad, los padres de familia pronto tuvieron un argumento para educar: No te portes mal, porque si lo haces al rato viene “Juana La Catrina” y nadie podrá impedir que te lleve. Pero no solamente se convirtió en un argumento educativo, sino en un chivo expiatorio para los ladrones que abundaban, porque si se perdía un pavo, una gallina o cualquier cosa, la opinión general era: se lo llevó “Juana La Catrina”.

Y hasta en gato se convirtió

Y como con frecuencia llegaba por las noches sin que se viera el medio de transporte que la había llevado, el temor que hacia ella se completó con la sospecha de que tuviera grandes poderes. Sospecha que se confirmó porque no faltó un vecino que dijera haberla visto cerca del brocal de un pozo en el momento en que dio tres volteretas hacia delante y quedó convertida en un gato.

En adelante, temiendo que la huay-gato o bruja-gato quisiera engañarlos, los niños empezaron a cuidarse inclusive de sus mascotas. Meses después se dijo que un chivo enorme se acercó a otro brocal y dio tres volantines hacia atrás convirtiéndose de inmediato en “Juana La Catrina”.

Por ese tiempo se recrudecieron no sólo el temor, sino la aversión general hacia “Juana La Catrina”, y con frecuencia la lastimaban bastante al apedrearla por las calles.

En tales ocasiones, se iba a sentar en alguna banca del parque y toda adolorida esperaba que llegara la noche para retirarse silenciosa y lentamente del pueblo. Entonces dijeron que de su sabucán sacaba una escoba y se iba volando. 

Finalmente, tal vez por tanto odio acumulado y descargado diariamente contra ella “Juana La Catrina” desapareció, dejó de visitar el pueblo, y los chamacos empezaron a portarse mal como siempre, los adolescentes volvieron a desvelarse en sus tertulias, las tareas volvieron a quedar incompletas, los maestros empezaron de nuevo a llamar a los padres de familia para reclamar la mala conducta y la flojera de los estudiantes.

¿De bruja a hada madrina?

Tal vez por eso, durante una misa celebrada poco después, el cura del pueblo dijo que no todas las hadas madrinas son lindas muchachas que andan bañaditas, con vestidos relucientes y varita mágica, sino a veces son ancianas que van por la vida con el cabello enredado, vestido harapiento, un sabucán sucio y pidiendo limosna.

Como se puede ver en esta leyenda no todo fue negativo, de cierta forma “Juana La Catrina” contribuyó por un tiempo a que los niños se portaran bien y se afirma que hasta los padres de familia le tenían temor y muchos de ellos en vez de irse a la cantina o de parranda preferían llegar temprano a sus casas.

Por cierto será precisamente en Temax la próxima sede de la Gira Paranormal 2014 este sábado 11 de octubre en la terraza del palacio municipal.

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