21 de Octubre de 2018

Yucatán

Baca resguarda cuadro y maniquí 'malditos'

En 'Municipio Enigmático' se detalla la historia de un cuadro que 'atrae' accidentes y el de un muñeco que, según dicen, se mueve sin ayuda.

Los cuadros de los Niños Llorones, de Bruno Amadio, también son famosos porque supuestamente atraen el mal. (deina.ru)
Los cuadros de los Niños Llorones, de Bruno Amadio, también son famosos porque supuestamente atraen el mal. (deina.ru)
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Jorge Moreno/SIPSE.com
MÉRIDA, Yuc.- Hoy, en “Municipio Enigmático” hablaremos de una población con dos casos muy peculiares: se trata de la villa de Baca, ubicada a media hora de Mérida, sobre la carretera federal a Tizimín.

El primer caso es el de un cuadro “embrujado”, según afirman sus dueños, el cual ha pasado de generación en generación en su familia y del cual no se han podido deshacer porque de cierta forma siempre regresa con ellos.

Este es el sexto caso que investigo en relación con “cuadros malditos” o “embrujados”, pues hay algunos que incluso me han donado, provenientes de Mérida, Umán y Tixkokob.

El caso de Baca se trata de un retrato de una persona masculina de la tercera edad (la clásica imagen posando de frente hacia el pintor) y aseguran que ha provocado al menos tres accidentes entre sus familiares (incendios inexplicables el primer día en que pusieron la pintura en sus casas); y por si fuera poco, sólo el cuadro ha quedado intacto tras los siniestros.

'Niños llorones'

Esta historia me recordó al caso de los cuadros de  los “Niños llorones” del pintor español Bruno Amadio. Se trata de 27 pinturas, todos son retratos de niños diferentes que tienen la característica de estar llorando. Se afirma que estos 27 niños vivían en un orfanato y que murieron en un incendio en ese mismo lugar poco después de posar en esas pinturas.

Por ello se dice que el espíritu de cada uno de estos infantes entró en su respectivo cuadro y a partir de ese momento, el dueño de cada pintura original –e incluso de las copias- sufre una tragedia a veces mortal, es decir, se incendia el lugar en donde se encuentra la pintura, pero ésta permanece intacta.

En el caso del cuadro de Baca, las situaciones parecer ser similares, aunque hasta el momento no existe una prueba contundente como el caso europeo; de hecho, aunque pude ver personalmente esa pintura, los dueños no me permitieron tomarle fotos ni hacer pública la imagen.

El Maniquí

El otro caso peculiar en esta villa, es sobre un maniquí que al parecer cobra vida. De acuerdo con nuestros informantes, este maniquí estaba en una antigua tienda de trajes novia en Mérida y hace varios años un empleado que al parecer liquidaron se lo llevó como pago o porque iban a tirarlo toda vez que sólo estaba asentado en la bodega y ya no era útil en la tienda.

Lo interesante del caso es que según me dijeron, este maniquí cobra vida por las noches y se mueve solo. Dicen que el exempleado lo sabía y por eso se lo llevó a su natal Baca. 

El problema vino en el año 2009, cuando se fue del pueblo y lo dejó en una bodega en casa de su mamá, pues al poco tiempo sus hermanos y sobrinos descubren con asombro y miedo que este maniquí cambiaba de lugar.

Hay mucho hermetismo en relación con este caso, personas cercanas a esa familia no quieren que esto se dé a conocer para que no se preste a chismes o para que no “desfilen” los curiosos en su domicilio. 

De hecho, han intentado deshacerse del maniquí, pero éste ha regresado de forma inexplicable a la casa, por lo que ya no saben qué hacer, ya que también temen a que si lo queman o lo destruyen puedan cargar un embrujo o les vaya peor.

Sacerdote

Entrevisté a dos personas que conocieron al dueño del maniquí y corroboraron la historia, incluso agregaron que fue tal el impacto que les causó esta situación que llevaron a un sacerdote de Mérida para que bendiga la casa.

El maniquí es de aspecto femenino, tamaño natural, afirman que parte del cabello, así como las cejas y pestañas son de cabello natural (humano),  cuando lo llevaron a la población tenía un antiguo traje de novia y aparte uno de vestir de esos que se usaban a principios del siglo pasado. 

Afirman que mayormente por las noches hacía ruidos raros y como si se aporrearan las cosas y cuando entraban a la bodega en efecto todo estaba revuelto: “Tenían un gato que se erizaba sólo de ver el maniquí y ya no quería entrar a esa bodega a pesar de que antes ahí dormía”.

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