16 de Julio de 2018

Yucatán

El niño muerto que pedía sus regalos de cumpleaños

Un pequeño murió accidentalmente, a días de su onomástico, en sueños le pide a su madre que le llevaran los regalos a su tumba del Panteón Florido.

El caso de 'Nachito' en Jalisco es de cierta forma similar al del pequeño de Mérida. (Jorge Moreno/SIPSE)
El caso de 'Nachito' en Jalisco es de cierta forma similar al del pequeño de Mérida. (Jorge Moreno/SIPSE)
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Jorge Moreno/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Hay casos e historias que aunque ocurran en ciudades diferentes pueden tener ciertas similitudes. Hace un año aproximadamente hablamos del caso de “Nachito”, un niño fantasma que, según se cuenta, pide dulces a las personas que visitan el Panteón de Belén en la ciudad de Guadalajara, Jalisco.

Este caso es muy conocido incluso a nivel nacional y ha sido mencionado en al menos cinco libros; sin embargo, una historia similar, aunque más triste, ocurre en el Panteón Florido de la ciudad de Mérida, del cual me enteré hace apenas unos días.

La historia ocurre a principios del siglo pasado, cuando Mérida era mucho más pequeña que ahora y el Panteón Florido estaba en la periferia de la ciudad. Se cuenta que en ese entonces el índice de mortandad infantil era mayor y era hasta cierto punto común que falleciera algún niño menor de 10 años y más aún los que no cumplían ni 12 meses.

En ese entonces, una humilde familia enterró a su hijo de cuatro años de edad, pero no murió por alguna enfermedad, sino por un triste accidente, ya que el pequeño resbaló de un árbol de ciruela que estaba en el patio de su casa y, al caer, se golpeó con una laja o piedra; falleció casi de inmediato.

Murió a días de su cumpleaños

El pequeño fue enterrado en el Panteón Florido y cuentan los vecinos que la mamá no pudo acudir debido a la crisis que sufrió por la muerte del niño; de hecho, tuvo que ser hospitalizada y, por si fuera poco, a tres días del cumpleaños del pequeño y estaba muy ilusionado con los regalos que recibiría.

El día de su onomástico, los familiares cercanos al chiquillo acudieron al cementerio y le llevaron regalos, los cuales pusieron junto a la tumba; estuvieron ahí por más de una hora y cuando ya se iban a retirar decidieron llevarse los regalos y dejarlos en casa del fallecido.

La mamá soñó tres noches seguidas que su difunto hijo le pedía sus regalos, que se los llevara junto a su tumba, ya que se sentía solo y quería jugar con ellos.

Ella convenció a su marido de hacerlo y juntos acudieron al panteón con los juguetes, pero el velador les dijo que no se hacía responsable si alguien entraba y los robaba, pero aún así decidieron correr el riesgo.

Unas semanas después, cuando regresaron a visitar la tumba, el velador asustado les dijo que los juguetes cambiaban de lugar, que al principio pensó que alguna persona o algún perro callejero los había movido, pero una tarde vio cómo éstos se desplazaban solos.

Se cuenta que los juguetes (un balero, tres carritos y algunas cosas más) por varios años permanecieron ahí, desgastándose y ensuciándose con el paso del tiempo y más que nada por estar a la intemperie con las inclemencias de la lluvia, el sereno, etc.

Quizás desde el más allá, el pequeño jugó con sus juguetes y fue feliz, al menos su familia siente que cumplió con la voluntad de su hijo.

El caso de 'Nachito'

Por otra parte, la historia de “Nachito” habla de un niño que por una enfermedad siempre tenía que dormir con la luz encendida y las ventanas abiertas de su cuarto. Un descuido hizo que una noche se quedara a oscuras, el niño despertó y al darse cuenta que estaba en plena oscuridad, murió a causa del terror que sintió.

Esto ocurrió poco después de que cumplió un año de edad; después de velarlo fue sepultado en el panteón de Belén de Guadalaja, Jalisco.

Al siguiente día, el velador del cementerio completamente horrorizado, fue con las autoridades a reportar que durante la noche habían desenterrado el ataúd del niño porque lo había encontrado sobre la loza de su tumba, y cada vez que lo regresaban a su lugar, volvía a encontrarse fuera el féretro.

Durante diez días consecutivos sucedió lo mismo, y todas aquellas mañanas la gente se reunió para ver tal espectáculo, cosa que a la familia Altamirano no lo veía con buenos ojos.

Un día, el velador fue a platicar con los padres de Nachito, quienes comentaron del mal que sufrió su hijo en vida y, por tal motivo, decidieron dejar el ataúd sobre la tumba.

Varias personas que han visitado el panteón comentan que han sentido la presencia del niño. Incluso, por el simple hecho de ver la foto y la tumba en persona sientes algo extraño, investigaciones profesionales dicen haber escuchado la voz de Nachito.

Dicha grabación la pasaron por televisión y en la psicofonía captada se escucha una voz que dice: “¿Me das un chocolatito?”.

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