22 de Septiembre de 2018

Yucatán

Escondía su esposa terrible secreto

Sin saberlo se había casado con una bruja que ciertas noches tenía el poder de desprenderse la cabeza y salir a hacer el mal.

Cosas raras había en la mujer que el esposo no lograba comprender. (taringa.net)
Cosas raras había en la mujer que el esposo no lograba comprender. (taringa.net)
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Jorge Moreno/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Hay algunas leyendas mayas que aunque tienen el mismo nombre, son varias las vertientes o versiones sobre las mismas, y a veces suelen ser parecidas a otras. En anteriores entregas les he hablado de la “Cabeza Errante” (la cabeza de una muñeca que era propiedad de un hechicero campechano) y de la “Huesuda” (la hechicera umanense que se quitaba su cabeza y su cuerpo se convertía en un esqueleto acéfalo que vagaba por las noches).

En esta ocasión les hablaré de un caso que es conocido como “La cabeza errante” o “La cabeza rodante”, que aunque tiene ciertas similitudes con las historias antes publicadas, no es el mismo relato, sólo parecido.

Hace muchos, pero muchos años, en una pequeña población del Mayab vivía un matrimonio, que a pesar de que no le faltaba nada, no era feliz.

Cosas raras había en la mujer que el esposo no lograba comprender. Los celos envenenaban su corazón. Tenía la sospecha de que su mujer lo engañaba con otro, y que de ahí se derivaban aquellas rarezas que observaba en ella. Parecía que graves preocupaciones embargaban el ánimo de la mujer.

Un día anunció a la mujer que iría a su milpa, pero que no regresaría después de varios días, por ser mucho el trabajo pendiente.

Y fue a su milpa, pero con el corazón envenenado por los celos y con el ánimo dispuesto a la venganza, tomó la determinación de regresar a su casa mucho antes de lo anunciado, pensando que así sorprendería a su mujer que sin estar esperándolo, estaría entregada con mayor libertad a sus deslices.

Encontró algo más espantoso

Pero grande fue su asombro al no encontrar a su mujer en su casa. La llamó insistentemente, incluso a gritos, pero ella no respondió. Tuvo entonces un horrible presentimiento…se dirigió a la pequeña cocina y llenó de espanto vio algo totalmente inesperado… Sobre la banqueta para hacer tortillas vio la cabeza de su mujer, como si hubiera sido cercenada. Trató de encontrar el cuerpo pero no lo halló. Tampoco encontró huellas de violencia, ni manchas de sangre.

Pero lo más espantoso de todo fue ver que la cabeza aún conservaba la vida, pues se movía, volteaba los ojos fijándolos con tenaz insistencia en él, sus labios se movían haciendo esfuerzos visibles por hablar.

Lleno de pavor el marido huyó de su casa y fue a consultar con el adivino de la población. El anciano le reveló que se había casado con una bruja, que durante determinadas noches y mediante diabólicos conjuros lograba separarla de su cuerpo. La cabeza perdía el habla, pero no la vida ni los movimientos. Entonces el cuerpo tomaba la cabeza de algún espantoso animal, y salía a efectuar sus fechorías por el mundo. Cuando ya iba a amanecer concluía el hechizo y la bruja recuperaba su cabeza natural y volvía a su estado normal. 

El adivino lo exhortó a untar sal hechizada a la cabeza de su esposa, para que pudiera poner fin a sus fechorías y para evitar que, tarde o temprano, el esposo también cayera víctima de sus malas artes. 

Lleno de pesar el hombre siguió al pie de la letra lo que se le había indicado y antes de que amaneciera ya había untado la sal hechizada en el cuello de la cabeza, mientras ésta lo miraba con una espantosa mezcla de angustia y de reproche.

Habló con voz extrahumana

Y añade la leyenda que la cabeza movía los labios pugnando por hablar y fue tanto su esfuerzo que al fin y aunque confusamente y con una voz que parecía extrahumana pudo lograrlo.

En medio de lágrimas y de reproches la cabeza de la mujer amenazó a su esposo y le aseguró que su venganza sería terrible, ya que a pesar de ser bruja ella siempre lo quiso.

El desconsolado marido se aterró al escucharla, pero era demasiado tarde. Dejó la cabeza sobre la banqueta, y lleno de tristeza abandonó su casa y nunca más se volvió a saber de él. Al día siguiente los vecinos entraron a la casa pues en la madrugada habían escuchado extraños ruidos. 

Encontraron el cuerpo decapitado de la mujer, pero no su cabeza. Sospecharon que había sido asesinada por su esposo, a quien buscaron en vano por todos partes. Sólo el adivino del lugar sabía la verdad pero no habló.

Dice la tradición que la cabeza había huido a los montes y que desde hace muchos siglos va por la noches de luna errando por los caminos, pero especialmente en las sombras que proyectan las ramas de los árboles, procurando hacer todo el daño que sea posible a todo aquel que encuentra a su paso, en venganza por la muerte injustificada que le dio su esposo.

Muchos casos se cuentan de personas y animales que han sido hallados muertos bajos los árboles y con los pies llagados. Seguramente se toparon con la Cabeza Errante. Y dicen los que han podido verla que parece achatada sobre el suelo como si fuera una sombra, y que así va rodando…rodando…y que seguirá rodando eternamente…cuídate de ella.

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