21 de Mayo de 2018

Yucatán

Recibe lección divina cazador soberbio en Yucatán

Reta a Dios luego de matar un venado y en castigo el Creador revive al astado, que huye hacia el monte.

Cazadores de venado cegados por la fama han recibido lecciones en el monte. (Jorge Moreno/SIPSE)
Cazadores de venado cegados por la fama han recibido lecciones en el monte. (Jorge Moreno/SIPSE)
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Jorge Moreno/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Hace mucho tiempo se contaba que existió un gran cazador, se llamaba Antonio, pero toda la gente de su pueblo le decía Toni, le gustaba cazar cualquier tipo de animal, aunque su presa favorita eran los venados. A Toni le fascinaba cazar de forma solitaria, es decir, espiaba a sus presas para emboscarlas, esto lo hacía siempre de noche. Se dice que tenía mucha suerte pues siempre mataba gran cantidad de venados.

En una ocasión, Antonio se encontraba espiando en lo alto de un árbol, cuando de pronto escuchó que se acercaba un venado, tenía una gran cornamenta, por lo que pensó se trataba de un macho en busca de venadas, pues estaban en la época de apareamiento.

Como ya se acercaba el amanecer, no necesitó usar su lámpara de pila seca, apuntó con firmeza y disparó certeramente al cuerpo del animal que se desplomó en segundos. El cazador recogió sus pertenencias y bajo del árbol.

Después de comprobar que el venado estaba bien muerto, le amarró los pies con una gruesa soga de sosquil. Al terminar dijo: “Este venado ni Dios me lo quita”.

Desapareció en el monte

Pero, cuando intentó cargarlo, el animal se sacudió frenéticamente hasta liberarse de sus amarres y echarse a correr para adentrarse en la espesura del monte.

El cazador ni siquiera pudo reaccionar para detener a la presa, se extrañó con lo sucedido, pues había constatado que el animal estaba bien muerto, no podía creer que algo así le pasara después de tantos años de experiencia cazando. Decidió dirigirse al pueblo para pedir ayuda a sus parientes y otros cazadores. Los hombres decidieron ayudarlo pues sabían que un animal herido no podía ir muy lejos y sería presa fácil. 

Ya en el monte, se dispersaron en lugares estratégicos e iniciaron la batida con ayuda de perros entrenados en el rastreo de animales salvajes. Los cazadores emplearon mucho tiempo y esfuerzo, pero no lograron encontrar a la presa, entonces, decidieron abandonar la búsqueda y se dirigieron al poblado ya muy entrada la tarde.

Por varios días se platicó lo sucedido al cazador, fue el pan de cada día, como dirían los antiguos. Esto llegó hasta los oídos de un antiguo cazador que supo de inmediato la razón de lo sucedido, por lo que se dirigió a la casa de Toni para conversar con él sobre lo sucedido aquel día de cacería. 

Retó a Dios

Después de escuchar la explicación, el anciano le dijo que sólo existía una razón para lo que había pasado y le preguntó que si había dicho o hecho algo fuera de lo normal. El cazador pensó por largo tiempo hasta recordar que lo único que había dicho: 

“Este venado ni Dios me lo quita”. Ante esto el viejo, confirmó sus sospechas y le señaló que esas palabras fueron la razón para que perdiera su presa, Dios te ha castigado, pues nunca se debe jugar con él y para demostrarte su gran poder ha decidido quitarte el vendo devolviéndole la vida.

Desde ese momento para los pobladores de ese pequeño pueblo lo sucedido a Toni se convirtió en una gran lección que hasta nuestros días se platica para dejar constancia de que no se debe jugar en el nombre de Dios y menos cuando de cazar venados se trata.

Esta leyenda me la mandó el señor Víctor Navarrete del municipio de Akil, pero ha ocurrido en diversas partes del estado, pues no han sido pocos los cazadores que, cegados por la ambición o por la fama de ser buenos tiradores, han maldecido a Dios.

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